Crítica: El Juego del Calamar (2021)

Volver al indice de críticas por género / una crítica del film, por Alejandro Franco


4 atómicos: muy buenaRecomendación del EditorCorea del Sur, 2021: Lee Jung-jae (Seong Gi-hun), Park Hae-soo (Cho Sang-woo), Hoyeon (Kang Sae-byeok), Oh Yeong-su (Oh Il-nam), Wi Ha-joon (Hwang Jun-ho), Heo Sung-tae (Jang Deok-su)

Creada por Hwang Dong-hyuk

Trama: Seong Gi-hun es un perdedor con todas de la ley. Habiendo perdido su trabajo en una fábrica automotriz hace diez años – y divorciándose a causa de ello -, ha estado tomando trabajos temporarios de mala paga y jugándose sus ahorros en las carreras, en donde ha acumulado una gruesa deuda con los mafiosos de turno. Pero Seong está desesperado no solo por los matones: su madre – en cuya casa vive – está enferma gravemente a causa de complicaciones de la diabetes y su ex-esposa planea irse a vivir a Estados Unidos con su nuevo esposo… llevándose a su hija consigo. En medio de una noche infernal Seong recibe una invitación tan misteriosa como tentadora: la de participar en una competencia de seis días en donde el ganador recibirá un premio millonario. Pero todo lo que rodea al concurso es extraño y misterioso, como si una masiva organización secreta estuviera a cargo de todo. Y las sospechas se confirman cuando Seong es recluido en un estadio junto con otros cuatrocientos jugadores, aislados de todo el mundo exterior y obligados a jugar juegos infantiles… cuya mas mínima infracción es castigada con la muerte por parte de los organizadores. Los días pasan, los competidores mueren, los supervivientes enloquecen, las alianzas desesperadas se crean… y mientras el pozo crece de manera obscena, las esperanzas de salir vivo se esfuman día a día… desapareciendo como lo hacen los participantes asesinados cuyos cuerpos son cremados las 24 horas en las instalaciones en donde se realiza el sangriento torneo.

Crítica: El Juego del Calamar (2021)

Hace rato que no tengo Netflix. El problema es el precio y el nivel de calidad – está saturado de películas mediocres y series que no pasaron la primera temporada -. Sin embargo hay un detalle que le reconozco y que hace que – cuando pega un hit – le pase por encima a la competencia: estrenan todos los capítulos de la temporada el mismo día. Netflix inventó lo de la maratón de series y, en el caso de El Juego del Calamar, es un vicio para quedarse toda una noche de viernes o sábado en vela, fascinándose con sus retorcidas y originales ocurrencias mientras uno bebe bebidas espirituosas en abundancia y devora delicias de panadería.

Ciertamente las bases de El Juego del Calamar no son en absoluto originales. Primero estuvo The Most Dangerous Gamedonde los papás de King Kong narraban las aventuras de un náufrago que era cazado por un barón ruso por pasatiempo, ya que no hay cacería mas apasionante que la del hombre por el hombre mismo – y después vinieron las variantes, con esos brutales deportes humanos siendo televisados y convertidos en eventos masivos de todos contra todos donde sólo puede surgir un ganador… vivo – La Décima Víctima, The Running Man, Los Juegos del Hambre -. Acá hay otro juego brutal y hay otros millonarios que pagan fortunas por hacer apuestas y ver la carnicería. Pero lo que tiene diferente El Juego del Calamar de otras versiones de esta historia es que no hay subtexto político ni alzamiento heroico del protagonista: funciona en un microcosmos en donde uno puede desmenuzar las causas sicológicas por las cuales un individuo puede participar de una competencia semejante… y cómo, a medida que avanza la competencia, afloran todo tipo de sentimientos – desde los mas salvajes a los mas humanos, el instinto de supervivencia por sobre todas las cosas, los abruptos raptos de amoralidad -. En The Hunger Games Katniss Evergreen era puro carisma y se convertía sin querer en la líder de una potencial revolución destinada a voltear la dictadura del presidente Snow. Pero acá… solo hay una horda de perdedores de todo tipo de nivel – jugadores compulsivos, tipos con mala suerte que se hundieron en la escala social sin saber cómo recuperar el status o la dignidad, universitarios cultos que se confiaron en sus instintos y su inteligencia y se patinaron una tonelada de fondos ajenos… individuos sin esperanza alguna -. Es cierto que los primeros dos capítulos de la serie son melodrama puro – Seong Gi-Hun vive a costa de su madre jubilada, está separado y a punto de perder para siempre a su hijita ya que su madre (casada de nuevo) se va a vivir a USA, los mafiosos lo persiguen para cobrarle la ponchada de plata que debe a causa de su juego compulsivo, es incapaz de mantener un trabajo estable – hasta que a estos perdedores se le presenta la oportunidad de ganar una fortuna. Y cuando se anotan, se topa con la realidad de un reality show sangriento donde los perdedores son masacrados sin piedad en una isla remota del mar de Corea y en medio de unas instalaciones que harían morir de envidia a mas de un villano de James Bond. Y después de ver semejante atrocidad, a los concursantes se les da la oportunidad de votar: seguir con el juego mortal o regresar a sus vidas. Pero… ¿a cuales vidas?. Sin dinero no hay futuro: hay enfermedades, apremios, costas legales, amenazas físicas… cuestiones que solo una tonelada de billetes puede solucionar. Y es entonces – cuando los perdedores aceptan resignados el segundo llamado a participar a los juegos – que la serie te termina por enganchar en gran forma. Hay un par de heavys el matón, la chiflada asesina – pero los villanos reales están del otro lado de la vitrina. Y esto no es mas que una competencia descarnada entre gente ingenua, inocente – ciertamente hay algún sicópata que otro – intentando sobrevivir como puede e intentando llegar como sea a la gran final donde accederán a la ponchada de millones que los organizadores han puesto de premio. ¿Pero qué costo – moral, humano – deberán pagar para obtener semejante fuente de idealizada felicidad?.

En sí El Juego del Calamar abandona los rasgos de las competencias a muerte de los filmes ante mencionados y se convierte mas en un filme sobre un campo de concentración (estilo nazixploitation) donde los captores realizan, para su solaz,  juegos mentales con los prisioneros – desnutridos, mal dormidos, confundidos – para que terminen sometidos a todo tipo de vejámenes que a ellos se les ocurra. En este caso, los obligan a cometerlos ellos mismos, fomentando revueltas y masacres, dejando cuchillos a mano, estimulando alianzas entre miembros para sobrevivir y después traicionarse; en un momento cada evento es la cereza del postre del show pero es mucho mas apasionante ver el detrás de escena de cómo estos tipos sobreviven entre juego y juego. El protagonista idiota termina por convertirse en un sufrido faro de moral en un escenario donde no hay reglas. Es como si hubiera encontrado una familia adoptiva – éstos son sus pares, tipos tan fracasados como él, todos con causas nobles por las cuales luchar pero gente terrible a la hora de tomar decisiones de vida – en donde cada muerte solo le recuerda los límites de su propia humanidad. Y cuando llega el final Seong es una cáscara vacía, una sombra del hombre que fue: desaparecidas todas las razones de importancia que impulsaban su vida – y la carrera por el oro – hoy su existencia es una cosa gris y sin sentido… salvo que regrese a ese mundo sangriento y encuentre una forma de destruirlo.

Uno puede argumentar que toda la historia de El Juego del Calamar es ridícula – desde la cantidad de recursos para montar semejante competencia hasta la arbitrariedad de los juegos, eso sin contar a la parva de millonarios aburridos que costean esto (los VIPs, que son por lejos la parte peor escrita de la serie y que en vez de sonar arrogantes o superficiales suenan increíblemente cliché y estúpidos) – pero, a causa de la dirección de la serie, uno se traga la carnada, el anzuelo y el sedal y queda enganchado con la trama por la volatibilidad de los sucesos. Es imposible anticipar qué va a ocurrir o por qué ocurre, simplemente uno se encuentra fascinado con el espectáculo y se shockea con cada ocurrencia brutal del libreto. Es cierto que el creador / director Hwang Dong-hyuk (que estuvo 10 años dando vueltas por todos los estudios para que alguien le comprara la idea) quiso hacer de esto una alegoría sobre la sociedad moderna, sobre la competencia despiadada en un mundo laboral ultracompetitivo, sobre la amoralidad de las clases altas y las brutales diferencias de clases que existen en Corea… pero el subtexto – si bien es válido – queda sepultado por la suprema clase de tensión que mantiene la dirección durante toda la serie. Es una obra que haría morir de envidia a Hitchcock: eventos inesperados, sucesos que ocurren en paralelo, desenlaces shockeantes y expectativas (por parte del espectador) que terminan por darse vuelta de manera imposible de anticipar.

Tomando un paralelismo de los videojuegos, El Juego del Calamar es un sandbox  (arenero), uno de esos juegos donde hay una serie de reglas básicas pero en donde el jugador juega como se le dé la gana y en el orden que quiera. Cuando los organizadores apagan las luces y fomentan un motín sangriento, uno sabe que es un escenario sin reglas; cuando hay que cruzar un puente de vidrio frágil, es tan válido saltar baldosa por baldosa y arriesgar la vida a lo valiente así como tomar a otro por los hombros y tirarlo sobre el eslabón dudoso a ver si se rompe y cae al vacío . Los organizadores podrán llenarse la boca sobre la igualdad social – asesinan a los tramposos – pero no deja de ser un discurso basura. La realidad es que se trata de todos contra todos y, lo que es peor, en algún momento te va a tocar matar a tu compañero o amigo. Lo que termina resultando tremendamente ingenuo viniendo de parte del protagonista, que no imagina ni por un segundo de que el premio es solo para el último superviviente.

El último capítulo es realmente sorpresivo, sólido, inesperado. Le da una muy buena vuelta de tuerca a la historia, aunque quizás no termine teniendo sentido del todo – pero era necesario que aparezca un villano y explique las razones por las cuales organizó tan diabólico juego -. Y aunque Seong Gi-hun no deje de ser un tipo limitado – ya no un idiota sino un superviviente fogueado -, la promesa de que vaya por la cabeza de los organizadores promete una batalla épica. ¿Podrá el perdedor holgazán convertirse en el héroe guerrero que todos pedimos para que se restaure el equilibrio de la justicia en el mundo?. Solo lo sabremos en la segunda temporada, la cual – espero – sea tan imperdible como ésta.