Crítica: Willy Wonka y la Fábrica de Chocolate (1971)

Volver al índice de críticas por año / una crítica del film, por Alejandro Franco

3 atómicos: buenaUSA, 1971: Peter Ostrum (Charlie Bucket), Gene Wilder (Willy Wonka), Jack Albertson (Abuelo Joe), Julie Dawn Cole (Veruca Salt), Diane Sowle (Señora Bucket), Roy Kinnear (Señor Salt), Leonard Stone (Señor Beauregard), Michael Bollner (Augustus Gloop), Dodo Denney (Señora TeeVee), Paris Themmen (Mike TeeVee), Denise Nicholson (Violet Beauregard), Ursula Reit (Señora Gloop)

Director: Mel Stuart – Guión: Roald Dahl, basado en su propia novela

Trama: Willy Wonka posee una fábrica de chocolates de fama mundial. Ahora ha anunciado que, en el interior de sus productos, se encuentran escondidos cinco boletos de oro. Los poseedores tendrán el derecho a pasar un día en el interior de la mítica fábrica de Wonka, conociendo todos sus secretos de producción amén de ganar una provisión de chocolates de por vida. Charlie es un chico de familia muy pobre que hace trabajos de todo tipo para juntar unos centavos y poder ayudar a su hogar. Ahora ha utilizado todo el dinero de su trabajo para comprar una única barra de chocolate Wonka, ya que desea con toda el alma ser el ganador. Pero la noticia del concurso cobra fama mundial, y ya han aparecido cuatro ganadores en distintas partes del mundo. Con todas las chances en su contra, Charlie abre su único chocolate y descubre que es el merecedor del quinto boleto. Establecida la fecha y el lugar, los ganadores se reúnen en la entrada de la fábrica. Pero los poseedores de los otros boletos son maleducados, glotones, prepotentes y agresivos. Mientras tanto el misterioso Willy Wonka hace su primera aparición en público después de haber fundado la fábrica. Todo en él tiene un aura de misterio que bordea lo estremecedor, desde su pasado desconocido a que la fábrica opera aparentemente sin ningún operario. Y una vez iniciada la travesía por el interior de la fábrica las cosas se pondrán cada vez más siniestras, donde los chicos malcriados comenzarán a caer en trampas diseñadas para castigar sus propios excesos.

Crítica: Willy Wonka y la Fábrica de Chocolate (1971)

Este es uno de esos casos en donde voy contra la corriente, no por capricho, sino porque la apreciación sobre cierto filme me parece sobrevaluada. Es posible que a Willy Wonka y la Fábrica de Chocolate le quepa el sayo de Dune 1984 de David Lynch, en donde el filme te impresiona por ser la primera versión de un libro conocido pero el producto final es imperfecto y termina siendo insatisfactorio. Y aún con todo eso, su sombra se cierne sobre las remakes / secuelas que le siguieron (de Tim Burton, la reciente con Timothée Chalamet), en donde las comparaciones son inevitables y la memoria falla, convenciéndonos de que la primera versión siempre fue la mejor.

Honestamente, creo que no hay todavía una buena versión de la historia de Roald Dahl – Wonka 2023, en todo caso, es como la versión alternativa del Multiverso en donde el personaje de Chalamet poco tiene que ver con el original de Dahl -. La película no impresiona y las canciones son plomizas. El tema de los Oompas Loompas va a 1000 por hora – la de Hugh Grant es la versión definitiva -, y la magia no existe debido a la modestia de la producción. Y, el mayor drama, es que la oscuridad del personaje de Wonka pasa desapercibida. Debería ser como un Walt Disney pasado al lado oscuro de la fuerza (y la fábrica, el equivalente de Disneylandia), un individuo conformado por una mezcla en partes iguales de locura, misterio, carisma y sadismo, pero en cambio obtenemos un tipo con desorden bipolar que a veces va duro de Valium, dispara amenazas sin inmutarse, y de pronto está gritándole con todas las ganas a un niño en la cara. Hasta el final es abrupto.

Los cinéfilos conocen que la gestación del filme fue complicada. Roald Dahl escribió la primera versión del libreto pero se consideró muy rústica, y prácticamente fue reescrita por David Seltzer, el cual le metió las partes más delirantes y disfrutables del filme – como la cobertura mundial sobre la búsqueda de los cinco boletos de oro, lo cual raya en lo más delicioso del absurdo (como si no hubieran noticias más importantes en el planeta!) -. Para no ofender al escritor británico la colaboración de Seltzer fue ocultada bajo la alfombra (el tipo no aparece en los créditos), lo cual no impidió que Dahl terminara por tirar la bronca… lo cual ya es una costumbre de los ingleses a esta altura. Hay un montón de actores, artistas, escritores – desde el mismo Hugh Grant despreciando su “papelito” en Wonka, pasando por Roald Dahl y Nigel Kneale, hasta actores y actrices de la saga de James Bond… y la lista sigue y sigue – que siempre tiran estiércol sobre los papeles / obras que los hicieron famosos, como si ellos siempre estuvieran en un nivel superior y sólo hicieran “esos trabajos de segunda” por el vil metal. Christopher Eccleston, diciendo que él sólo estaba para una temporada de Doctor Who; Diana Rigg odiando los papeles sexistas en los filmes de James Bond y la serie Los Vengadores… gente que, años después, terminó haciendo cada bazofia sideral – los filmes de terror serie Z de la Rigg en los 70; Eccleston ultra maquillado en GI Joe y Thor 2 (!!) – que se les debería caer la cara de vergüenza. O autores que creen que la fantasía / ciencia ficción es un género barato (lo que no impidió que siguieran haciendo libros y guiones de sci fi hasta el final de sus días; como Nigel Kneale, siempre menospreciando la creación de la saga Quatermass). Que Seltzer haya retocado el libreto de Willy Wonka es como si hubieran mancillado el honor de la obra maestra de Dahl… que no es tal. Nadie es Shakespeare reencarnado. Considerando la tonelada de excentricidades que tiene la novela, incluir un poco de humor más accesible no es en absoluto un detalle que le quite mérito.

El primer problema obvio con Willy Wonka y la Fábrica de Chocolate son los valores de producción. Lo que debería ser gigantesco, magnífico e impresionante se ve barato y modesto como el set de un telefilme infantil de los años 70s. Mel Stuart es un director muy standard para la chifladura que debería destilar el relato. Las performances están bien, las canciones apestan y lastran el ritmo, y Gene Wilder… está ok. Más moderado que de costumbre, es mas un loco excéntrico que alguien siniestro que gusta de torturar a los niños problemáticos. Considerando que entre las opciones del cast de aquella época estaba Peter Sellers (el cual persiguió el papel durante años), ni quiero imaginar lo superior que hubiera sido el filme con Sellers en el rol, más cuando en ese momento estaba atravesando su etapa más “volada” (como The Magic Christian con Ringo Starr). El Wonka de Sellers hubiera sido memorable y totalmente psicodélico.

También los fans de Wonka pueden encontrar retazos de material sobre los cuales hicieron la precuela, desde las bateas gigantes del lavadero donde trabaja la mamá de Charlie hasta Slugworth, el siniestro chocolatero rival que quiere robar las fórmulas secretas de Wonka. Pero, en sí, Willy Wonka y la Fábrica de Chocolate solo se ve prolija, satisfactoria y trunca. El final aparece de la nada y queda con los sobrevivientes flotando en el aire en el ascensor de cristal de Wonka, sin más explicaciones. El destino de los niños torturantes / torturados nunca es explicitado. Si la moraleja es que los niños buenos y sacrificados son los que obtienen el premio, está expresado de un modo tan rápido y al pasar que la audiencia es incapaz de captar el mensaje. Aun con todos sus dramas esto no implica que la versión de Tim Burton sea mejor – el Michael Jackson chocolatero de Johnny Depp está muuuy fuera de rango como para shockear -. Simplemente la versión con Gene Wilder es la más correcta y respetuosa del material, pero precisaba un director mucho más creativo (esto, al final de cuentas, no es más que un melodrama, pero es tan inofensivo que su mordida ni siquiera marca la piel!), y una producción más costosa y alocada.

WILLY WONKA

Las versiones de la historia de Roald Dahl son: Willy Wonka y la Fábrica de Chocolate (1971) – Charlie y la Fábrica de Chocolate (2005). Wonka (2023) funciona como una precuela / historia de origen del excéntrico chocolatero.

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