Crítica: Sorcerer (El Salario del Miedo) (1977)

Volver al índice de críticas por año / una crítica del film, por Alejandro Franco

4 atómicos: muy buenaUSA, 1977: Roy Scheider (Scanlon / ‘Dominguez’), Bruno Cremer (Victor Manzon / ‘Serrano’), Francisco Rabal (Nilo), Amidou (Kassem / ‘Martinez’), Ramon Bieri (Corlette)

Director: William Friedkin – Guión: Walon Green & William Friedkin sobre la novela de Georges Arnaud “Le Salaire Du La Peur”

Recomendación del Editor

Trama: Década del 70. El pueblo de Porvenir, Colombia. Porvenir se ha convertido en un nido de ratas, una letrina a donde va a parar todo tipo de inmigrantes ilegales y gente desesperada que acepta empleos de mala muerte en los pozos petroleros locales. Entre esos ilegales figura Scanlon, Manzon, Nilo y Kassem, gente que ha estado fugándose a través de medio mundo para que las fuerzas del orden no los atrapen por los crímenes que han cometido – desde robos y desfalcos hasta asesinatos por contrato y bombardeos terroristas -. El nivel de vida es tan pésimo que estos cuatro forajidos harían lo que pudieran para escapar de Porvenir. Y un día esa oportunidad se presenta: un pozo petrolero ha estallado y se ha convertido en un incendio imposible de apagar. La única solución es detonar una masiva carga de dinamita en su interior, cosa que consuma el oxígeno y le quite el alimento a las llamas. Para ello hay que llevar dos camiones con dinamita a través de 500 kilómetros, una travesía a través de una jungla salvaje plagada de caminos en mal estado o directamente inexistentes. Para colmo no hay camiones en el pueblo que puedan hacer el viaje – hay que reconstruir un par con lo que pueda encontrarse en el desarmadero local – y la dinamita está en muy mal estado, ya que transpira nitroglicerina por todos sus poros y puede explotar ante el más mínimo golpe. Si Scanlon y su equipo llegan vivos hasta el pozo, cobrarán una fortuna y podrán escapar de Colombia; pero el camino está plagado de trampas mortales – la guerrilla, las brutales tormentas tropicales, el barro, puentes casi deshechos -, con lo cual el viaje es una misión suicida y sólo es cuestión de tiempo para saber quién morirá primero.

Crítica: Sorcerer (El Salario del Miedo) (1977)

Sorcerer (Hechicero, o El Salario del Miedo, repitiendo el título de la novela original) es una película bestial. Es lo mas brutal que he visto en mucho tiempo. Es cine como ya no se hace, donde el director se transforma en una fuerza de la naturaleza y empuja a los actores y a su equipo técnico a los lugares mas hostiles y salvajes del mundo para obtener una cinta de calidad documental de primera mano. Ahora nadie corre riesgos, ahora todo el mundo usa la “pantallita verde” incluso para filmar algo que ocurre en una ciudad real y pacífica sólo que está en otro país y quieren ahorrar costos (¿remember Argylle?). Como un chiflado dotado de una visión divina, el autor está dispuesto a sacrificar a su gente con tal de plasmar su obra y obtener veracidad; por eso no le importan las selvas plagadas de peligros y enfermedades, los costos monumentales de irse a rodar en el fin del mundo, el rodaje cuyo calendario se fue al garete, o las peligrosas dictaduras instaladas en la zona de rodaje. Para William Friedkin – ese enorme cineasta responsable de Contacto en Francia y El Exorcista Sorcerer es su Apocalipsis Now: un filme excesivo en todo, descomunal, impresionante, caótico que marca el final de lo mejor de su carrera. Las brutales peleas que debió lidiar Friedkin con todo el mundo – desde el elenco hasta la gente del estudio – se cobraron su carrera, y Friedkin nunca volvería a crear algo de semejante estatura.

Sorcerer es, también, el principio del fin del cine de autor del Hollywood de los 70s. Al menos, el de los autores con control total, que eran megalomaníacos con visión artística y total desprecio por las reglas, y que (en base a sus méritos previos) les exigían cheques en blanco a los estudios, amén de manejo total del filme incluyendo el corte final. Como le pasó a El Enigma de Otro Mundo con E.T., Sorcerer se estrelló contra un muro gigantesco, masivo e imprevisible como fue que su estreno coincidiera con el de La Guerra de las Galaxias. La gente hacía colas enormes durante horas para ver el filme de George Lucas, una fantasía light donde los buenos triunfan sobre los malos. ¿Quién querría ver algo tan cínico y sanguinario como el filme de Friedkin?.

Sorcerer es la segunda remake de El Salario del Miedo (1953), la obra maestra de Henri-Georges Clouzot – el mismo de Las Diabólicas – (además del bodrio 2024 de Netflix hay una remake no oficial de 1958, Violent Road, donde lo que deben salvar es una cargamento de combustible para cohetes, alejándolo de la base de lanzamiento que está incendiándose y llevándolo por una serie de caminos semidestruidos en el interior de una montaña). Claro, el filme de Clouzot es considerado Cine Arte – está en francés, dura 2 horas y media – y era desconocido para la gran audiencia norteamericana, más allá de un puñado de críticos de élite que lo vieron. Incluso el mismo Friedkin impulsó el re estreno del filme de Clouzot antes de la llegada de su propia versión, pero nadie le dió bola. En un dato que subraya la ignorancia suprema (y la complacencia) del público norteamericano, el mismo Friedkin tuvo enormes problemas al estrenar su propio filme, ya que en los 15 minutos iniciales el diálogo está en otros idiomas (francés, español, etc) y, al usar subtítulos, la gente se iba de la sala por creer que se habían equivocado de película y estaba viendo alguna excentricidad europea de Cine Arte. Tuvieron que agregar un cartel al principio de la proyección (!!), aclarando que el filme estaba en inglés y que los subtítulos desaparecerían en el minuto 16.

En Sorcerer / El Salario del Miedo, William Friedkin es Carl Denham adentrándose en el Corazón de las Tinieblas para contar una historia. Toma de base el filme de Clouzot, pero teje su propia historia. En algunas cosas es brillante y en otras deja que desear. El dichoso preámbulo es largo y por momentos se siente artificial. Tenemos un terrorista palestino (Amidou) que viene huyendo de medio mundo después de plantar una bomba en Jerusalén (una de las partes mas impresionantes del filme, y que tiene un realismo brutal que me hace acordar a La Batalla de Argelia); luego hay un banquero francés (Bruno Cremer) que se mandó un bruto desfalco y no consigue garantías para pagar las deudas y evitar la cárcel; está un ladrón (Roy Scheider), cuyo último robo salió mal y terminó matando por error al hermano de un capo de la mafia; y por último hay un sicario mexicano (Francisco Rabal), que es adicto a la adrenalina y termina por casualidad sumándose a la misión mortal que une a los cuatro: llevar un cargamento de Dinamita en mal estado – la cual transpira Nitroglicerina por todos los poros, y puede estallar ante el menor golpe – durante 500 kilómetros a través de una jungla sudamericana hasta llegar a un pozo de petróleo que se encuentra en llamas. Si, porque para apagar un incendio de petróleo es necesaria una explosión de mayor potencia que le saque el oxígeno que lo alimenta, y termine por extinguirlo (¡remember el speech del Capitán Price en Modern Warfare 2!).

Estos tipos terminan en el pueblo de Porvenir, Colombia, en donde la vida es cruel. El hotel es una pocilga donde 20 personas duermen en un mismo cuarto; las moscas (y la malaria) abundan; la gente recibe salarios de mala muerte por trabajar en los pozos petroleros locales y no existe ni la más mínima medida de seguridad. El mismo pueblo de Porvenir es una letrina donde convergen ilegales de todo tipo, desde gente indocumentada hasta tipos que vienen escapando de la ley como lo son nuestros cuatro protagonistas. Imaginen unas casas de adobe, calles de barro, mucha basura acumulada, moscas, calor sofocante, autos y camiones hechos pedazos (hay una escena donde aparece un Riley 4 como taxi; ¿o será un Siam Di Tella 1500?), la comida es bazofia y la vida no vale un centavo. Hay una dictadura militar que ha empapelado las paredes del pueblo con proselitismo político, augurando una nueva reelección de alguno de esos presidentes “eternos” que tienen los gobiernos de facto. Es todo tan salvaje e insalubre, tan hostil y carente de reglas, que la muerte es moneda corriente de todos los días. Cuando el pozo estalla (otra gran escena), la catástrofe es brutal: cuerpos calcinados o partidos en pedazos, gente arrastrándose por el piso con el torso ensangrentado o en llamas, cadáveres por doquier. Cuando el camión del ejército lleva los cuerpos al pueblo (envueltos en nylons), el llanto de dolor de la gente se transforma en indignación y revuelta; mientras pasan sobre sus cabezas los cadáveres achicharrados empapados en sangre de sus seres queridos, lo que es una jornada de duelo se convierte en sublevación,… y los soldados son linchados de manera despiadada. Ni siquiera la llegada de fuerzas de apoyo logra saciar la sed de sangre de la gente explotada por el régimen y los capitales americanos (cuando no!) que extraen el petróleo y el gas de la región con el aval comprado del gobierno de facto.

Por supuesto ahí se establecen las bases del filme: llevar la Dinamita vieja, mal conservada, altamente inestable a la otra punta de la selva. Para ello hay tests de manejo y los cuatro protagonistas son los más confiables y precavidos. El tema es que la miseria es total y hay que conseguir dos camiones; y a nuestros héroes no les queda otra que canibalizar restos de un desarmadero local. El resultado final son dos monstruos oxidados, frankensteins hechos de retazos que parecen salidos de una película de Mad Max. Están blindados con vigas, pintados con motivos religiosos, plagados de faros en lugares insólitos, con agujeros en todas partes. Uno es el dichoso Sorcerer del título; el otro recibe el nombre de Lázaro.

El viaje por la jungla es brutal. El momento en que deben cruzar un río por un puente colgante hecho pedazos en medio de una tormenta descomunal es una de las mejores escenas de la historia del cine. Aún cuando el puente sea un prodigio de ingeniería hecho por el equipo de producción – y pensado para que se doblegue a voluntad del director -, eso no quita que ver un camión de 3 toneladas volteado a 45 grados y a punto de caer a un río revuelto no te ponga los nervios de punta. Cada tabla del puente está podrida; los tirantes de cuerda apenas soportan el peso del camión; el viento retuerce la estructura y azota a las máquinas y a las personas. El conductor va a paso de hombre mientras el co piloto está unos metros más adelante, guiando para dónde debe girar, cosa de agarrar la menor cantidad de huecos posibles. Es el hombre contra la naturaleza en su estado mas puro y violento: sin medios, sin tecnología que ayude, a fuerza de pura tenacidad.

Si Sorcerer no llega al nivel de obra maestra, es por un margen mínimo. Hay cosas del filme que no funcionan. El por qué un asesino a sueldo va a parar a un pueblo de mala muerte en Colombia, luego liquida a uno de los choferes designados y ocupa él el puesto, no tiene sentido – más, viendo el nivel de vida que tiene el sicario -. La única excusa es ser un deus ex machina para una de las escenas del filme en donde se precisa un tipo hábil con la pistola… y nada mas, pero un tipo local hubiera sido lo mismo. Roy Scheider está ok, pero a veces tiene arrebatos infantiles (como cuando se cruzan con un árbol caído) y, como dice Tarantino, el rol hubiera estado mejor en manos de alguien mas carismático como Steve McQueen (la opción original para el rol). Hay saltos en la edición – incluyendo el famoso cruce del puente – que arruinan la culminación de algunas grandes escenas. La historia de origen de los cuatro va de lo impresionante a lo bizarro – el asalto de Scheider a una parroquia donde la Mafia lava dinero, están llevando a cabo un casamiento… y la novia tiene un ojo morado, como si hubiera sido forzada las trompadas a casarse en el último momento (!) -. Los cinco minutos finales, traídos de los pelos, simplemente porque Friedkin quería un final oscuro ya que estos tipos no pueden ser considerados héroes debido a todo el mal que han hecho. Y aún con todo eso, Sorcerer es una película de visión obligatoria. Es cine recargado de testosterona, con héroes fallidos y reticentes, con historias trágicas y brutales, en donde los pecadores al final son cazados por el destino y deben pagar sus cuentas. Pero es también un ejemplo cabal de un cine que no existe más, de cineastas sin red dispuestos a todo tipo de lucha y sacrificio con tal de obtener un filme supremo. Que el fracaso histórico de Sorcerer no te confunda: el filme cayó atrapado en una tormenta perfecta entre falta de apoyo publicitario del estudio, el estreno del mega evento de Star Wars, y la mala fama de Friedkin de ser un tipo difícil y agrio con todo el mundo (desde ejecutivos de estudios hasta la prensa). Como pasó con El Enigma de Otro Mundo de John Carpenter, sólo reevaluaciones posteriores nos llevaron a dar cuenta que se trataba de una joya que merecía ser redescubierta y difundida como debe. Es posible que El Salario del Miedo 1953 sea superior, pero Sorcerer es cine de gran calidad; un filme enorme en ambiciones, carente de límites, y una aventura brutal que no tiene equivalente en el cine moderno.

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