Crítica: Profesión Peligro (The Fall Guy) (2024)

Volver al índice de críticas por año / una crítica del film, por Alejandro Franco

2 atómicos: regularUSA, 2024: Ryan Gosling (Colt Seavers), Emily Blunt (Jody Moreno), Aaron Taylor-Johnson (Tom Ryder), Hannah Waddingham (Gail Meyer), Winston Duke (Dan Tucker)

Director: David Leitch – Guión: Drew Pearce, basado en la serie creada por Glen A. Larson

Trama: Colt Seavers es un doble de acción que está enamorado de Jody Moreno, una directora de segunda unidad. En una de las acrobacias de su último filme – en donde dobla a la mega estrella de acción Tom Ryder -, una caída al vacío sale mal y Seavers queda seriamente herido, debiendo pasar meses en rehabilitación. Ahora han pasado dos años, la relación entre Seavers y Moreno se ha cortado, y Colt trabaja estacionando autos en un restaurant de lujo. Pero un día la manager de Tom Ryder, Gail Meyer, lo llama de apuro, diciéndole que su último filme Metalstorm precisa un doble extra y el único disponible es él. A regañadientes Seavers acepta regresar a su peligroso oficio, con el agravante que Jody ahora se ha convertido en la directora principal. El reencuentro sale mal y los pases de factura son mutuos. Pero las cosas se saldrán de control cuando Meyer le diga a Colt que el problema real es que Ryder está desaparecido desde hace días, y que sólo confía en él para encontrar a la estrella. Y aunque Colt no es un tipo muy brillante, no pasará mucho tiempo antes de que se dé cuenta de hay gato encerrado en todo este asunto.

Crítica: Profesión Peligro (The Fall Guy) (2024)

Comencemos con un montón de cosas repetidas:

  • “126 minutos de mi vida que no volverán”
  • “El trailer es mejor que la película”
  • “A la hora ya se estaba retirando gente del cine”
  • “14 años en el development hell… ¿para esto?; ¿no se les pudo ocurrir algo mejor en 14 años de gestación del filme?”

Si hay una cosa incomprensible en el mundo es que The Fall Guy 2024 sea increíblemente aburrida. Wow!, esto viene del mismo tipo que fue uno de los padres de John Wick, dió a luz Deadpool 2, y rodó cosas muy decentes como Atomic Blonde, Violent Night y Hobbs & Shaw. Sin embargo Profesión Peligro se parece, inevitablemente, a Tren Bala: esa película que protagonizaba Brad Pitt, tenía un casting bestial, prometía ser un orgasmo cinematográfico y se convirtió en un bodrio recargado de toneladas de diálogos falsamente tarantinescos y sin gracia. Para terminar de ver Profesión Peligro tuve que ponerme el chaleco de fuerza y atarme a una silla para terminar de tragar la totalidad del filme, aunque a los 50 minutos tenía unas ganas enormes de tirar la toalla.

La premisa se ve genial: un doble de riesgo que acepta trabajos de investigación en su tiempo libre y usa sus habilidades acrobáticas para salvar su pellejo de las situaciones más peligrosas y excitantes. ¿Suena bárbaro, no?. Ya que David Leitch era doble, uno asume que esto es una carta de amor a su antigua profesión, amén de enseñarnos algunos de los secretos del oficio. Leitch era genial con la acción así que, ¿qué podría salir mal?.

Y es que todo sale mal. Por alguna estúpida razón el libreto insiste en que esto sea una comedia romántica y, lo que es peor de todo, los diálogos entre Ryan Gosling y Emily Blunt parecen totalmente improvisados. Vos ves que hay una química enorme entre ellos, pero las sandeces románticas se disparan y siguen, y siguen… y siguen. Como una escena en donde Gosling le prenden fuego y la Blunt – despechada porque Gosling era el amor de su vida pero, después de un accidente que tuvo hace dos años, decidió desaparecer de la faz de la Tierra – le vive recriminando el abandono (camuflándolo como si fuera la trama de la película de ciencia ficción que estaban filmando) -… y la repite una y otra y otra vez durante 10 minutos eternos que carecen de gracia absoluta. Oh sí, lo está torturando por abandonarla, por eso le prenden fuego tres veces y lo tiran siempre contra una roca. Jo, que gracioso.

En sí, la trama central del filme bien cabe en un episodio de serie de TV de 45 minutos… y creo que hasta te sobra tiempo. El libretista Drew Pierce (Iron Man 3!, Misión Imposible Nación Secreta!, Hotel Artemis!, Hobbs & Shaw!) pareciera que no tomó las vitaminas a tiempo y produce un libreto perezoso, indulgente, pleno de momentos estirados y con la trama central (la desaparición de la estrella del filme Tom Ryder, con Aaron Taylor-Johnson haciendo su mejor imitación de Tom Cruise) avanzando a pasos de hormiga (a esto hay que agregarle un uso ad nauseam de canciones de Kiss y Jon Bon Jovi, intentando inyectarle un aire cool que el filme no tiene). Está la manager de la estrella (Hannah Waddingham, con una peluca horrible y la cual es tan jetona que uno se debate entre si es una belleza madura exótica o un tipo disfrazado de mina) que quiere que el doble de riesgo de Ryder (o sea, Gosling) vaya a buscarlo. De ahí a que Gosling se mueva pasa una eternidad: Gosling es básicamente un vago con aspecto de oso de peluche y algo corto de neuronas, que le da muchas vueltas a cualquier asunto antes de ponerse en marcha. El tema es que buscar a Ryder implica cruzarse con su ex, Emily Blunt, a la que no ve desde hace dos años… y lo que sigue es una oleada interminable de pirotecnia verbal entre ambos que no tiene la mas minima gracia. No son Bogart y Bacall, no son Hepburn & Spencer Tracy… ni siquiera llegan al nivel de Bella & Edward. Todo lo que dicen es demasiado vago y se van por las ramas con una facilidad enorme, como si Leitch hubiera prendido las cámaras, hubiera dicho “este diálogo romántico es una basura; improvisen los que se les de la gana”… y rodaron y rodaron 20 versiones hasta que tomaron la que mejor les pareció.

Al menos uno espera que, cuando el bodrio romántico termine, Leitch tome las riendas y salga corriendo a hacerle una transfusión de adrenalina al filme… y no pasa. Una persecución entre una camioneta y un camión con volquete se hace larga y pesada y, para colmo, el director decide intercalarla con escenas de un bar donde el grupo de filmación está haciendo karaoke, así que mata toda la tensión de la secuencia. El final es excesivo y largo, pero por lo menos recién ahí da la impresión de que Leitch se despertó de la siesta y se acuerda que tiene que dirigir una película de acción. Y en el medio hay muchos amagues de cosas que no terminan de excitar, peleas sin gracia y deus ex machina (como el asunto de los Post It) que sólo muestran que Drew Pearce estaba con fiaca a la hora de escribir el libreto.

Como dicen los yanquis, acá las estrellas debieron hacer levantamiento de pesas para cargarse el filme a los hombros y poder mantenerlo a flote. Pongan a otra gente en lugar de Gosling y Blunt y verán que la película es intragable. Podían haber inventado un montón de intrigas para hacer que esto sea una sucesión interminable de peleas y persecuciones (es la historia de un doble de riesgo!) pero no, insistieron con el absurdo romance fallido.

Esto se basa en una serie de TV de los 80s, que tuvo un éxito tibio y que le sirvió al inexpresivo Lee Majors para tener un trabajo estable después de esa megahit de culto que fue El Hombre Nuclear. Honestamente a la serie no le encontré mucha gracia cuando vi un par de capítulos en su momento, y pareciera que el filme le va en saga. Es una estupidez, ya que el libreto está plagado de referencias meta a otras escenas de acción famosas de la historia del cine, e incluso el filme de fantasía que rueda la Blunt es una mezcla entre Duna y Rebel Moon (incluso copia el cantito árabe de la banda de sonido de Villeneuve, uno de los pocos gags graciosos del filme; el otro es el cameo de Jason Momoa – que demuestra que muchas veces el actor hace al papel -). Pero Profesión Peligro es un desperdicio enorme de talento (y eso que Ryan Gosling tiene un timing cómico brutal; otro tanto pasa con Emily Blunt), todo por culpa de un libreto mediocre y falto de ideas, y un director que parece haber perdido su mojo. Y si en la IMDB esto tiene un ranking alto, será que toda esa gente vio otro filme, o que el agregador está lleno de trolls financiados por algún misterioso patrocinador que quiere inflar los números de una película mal cocinada a toda costa.