Crítica: Sleuth (El Detective) (1972)

Volver al índice de críticas por año / una crítica del film, por Alejandro Franco

4 atómicos: muy buenaRecomendación del EditorUSA, 1972: Sir Laurence Olivier (Andrew Wyke), Michael Caine (Milo Tindle)

Director: Joseph L. Mankiewicz – Guión: Anthony Shaffer, basado en su propia obra

Trama: El afamado escritor de novelas de misterio Andrew Wyke invita al amante de su mujer, Milo Tindle, a pasar una tarde en su mansión en la campiña inglesa. Hace rato que Wyke y su esposa tienen caminos (y amantes diferentes) y lo que parece ser un acuerdo de caballeros para negociar el divorcio y la división de bienes pronto se transforma en algo mucho mas retorcido y siniestro. Es que la ex esposa de Wyke tiene gustos carísimos que la buena fortuna de Milo no logra solventar, con lo cual el escritor lo seduce para realizar una sencilla maniobra fraudulenta: simular un robo en su mansión con lo cual Milo se hará de un puñado de costosas joyas y Wyke cobrará en mano la plata del seguro. Pero nada es lo que parece y todo es una trampa para torturar a Milo, haciéndolo sufrir en la venganza de un hombre despechado. Lo que no sabe Wyke es que Milo no es tan básico o ingenuo como el snob escritor cree… y pronto ambos hombres estarán trenzados en un duelo de ingenio, tortura y misterio donde la muerte sobrevolará la velada hasta que uno de los contrincantes perezca a manos del otro.

Crítica: Sleuth (El Detective) (1972)

Sleuth (también conocida como El Detective, Juego Mortal, La Huella o su traducción directa, que sería Sabueso) es un clasicazo de los años 70s. Está basada en una exitosísima obra de teatro diseñada para el duelo de dos actores enormes. La historia de base es simple: veterano escritor de novelas policiales versus el amante joven de su mujer. Ella se ve que es un tiro al aire, quema dinero a lo loco y le gusta la carne joven. El flaco (Michael Caine, en este caso) es un peluquero de moda y algo de fortuna que, a pesar de la pasión, ve como su amante lo está comenzando a devorar vivo. Allí entra a jugar el futuro ex marido de la señora (Laurence Olivier), el cual lo cita en su castillo para darle una especie de bendición a todo el asunto – el tipo ya estaba harto de su esposa – y, de paso, proponerle un trato indecente: Caine se robará unas joyas y las venderá por una pequeña fortuna mientras que Olivier cobrará el seguro que usará para gastarlo con su amante finlandesa. Como dicen los yanquis, un trato Win-Win, ¿no?. ¡Pues claro que no!. El escritor – snob, millonario, viejo, brillante, orgulloso – desea algo más: una revancha como para validar su hombría y no dejar que su mujer y su amante se vayan como si nada.

Ese es el Acto I de una movida que después va a tener consecuencias incalculables. Pensada como un partido de tenis – uno gana el primer set, luego viene un segundo y por último el desempate -, es gente vociferando y gesticulando por una mansión salida de la imaginación de Tim Burton, con todo tipo de juguetes mecánicos antiguos, deformes y aterrorizantes. La mansión de Olivier es como una especie de circo bizarro y este autor – una especie de Agatha Christie versión masculina – es pedante e intelectualoide, nada que ver con el espíritu clase media / modesto bon vivant de Caine. Olivier trajo al amante de su mujer a su telaraña, confiado de hacerlo jugar en su propio terreno, pero se topará con un adversario impensable. Al principio hay tensión entre estos dos hombres, después muchas risas y complicidad, y por último la revelación del propósito final de Olivier, que es humillar a Caine y llevarlo hasta el límite.

Es un festival de actuaciones y sobreactuaciones. A mí nunca me gustó Laurence Olivier – siempre lo encontré afectado y antinatural, y la mayoría de sus elecciones en cuanto a su carrera cinematográfica son discutibles (ha actuado en cada bodrio… ¿Inchon? ¿Los Gansos Salvajes II?) pero es algo que suele suceder a los grandes actores de teatro que no tienen mucha cabida en la pantalla grande, ya sea porque nadie se le anima a proponer nada u ofrecerle un trabajo a su altura (que no sea una adaptación teatral como ésta, en donde el tipo se mueve como pez en el agua) -. Acá es pedante, zarpado, pero lleno de una vida que nunca le vi en otro papel, relamiéndose con con cada línea de retorcida comparativa intelectual que va desde lo sexual hasta lo amoral. Caine, en cambio, está algo mas restringido – a fin de cuentas es el personaje que perfeccionaba en ese momento de su carrera (Alfie, The Italian Job) como playboy de aire divertido – hasta que se desata en el segundo acto y se saca chispas cara a cara con Olivier. Más allá de sus mediciones virtuales de sus partes viriles uno siente que hay cierto trasfondo – ¿atracción? – entre estos dos hombres (la horrible remake de Kenneth Branagh la hace más explícita) porque en un momento se ven como pares intelectuales enroscados en sus juegos mentales y gozando con ellos.

Sleuth es larga e intensa. El primer acto es más payasesco pero, una vez que Olivier revela sus cartas, se vuelve atrapante. Esta es una obra perfecta, razón por la cual no entiendo por qué en la remake reescribieron la mayoría de los diálogos y le sacaron todo el frenesí y la frescura (la remake donde Caine veterano asume el rol de Olivier y Jude Law hace de joven amante, la cual reseñamos en el portal). Es cierto que a ojos de un espectador moderno – más cínico, ducho, con una vasta carga cinéfila encima – el Acto II se hace obvio desde el vamos, pero el Acto III es de consecuencias inimaginables porque no hay manera de anticipar quién de esta dupla va a ganar el juego que involucra celos, ego y muerte.

Olvide el bodrio del 2007 y consígase el original de 1972. Caine y Olivier terminaron nominados al Oscar a Mejor Actor (perdieron frente a la sobreactuación de Marlon Brando en El Padrino, el cual ni siquiera fue a buscar el premio!). Es una obra brillante con grandes performances que te absorbe del mundo durante dos horas y media y te deja un exquisito sabor en la boca; el de una época en donde la gente escribía argumentos inteligentes, diálogos brillantes y había enormes actores capaces de sacarle todo el lustre a sus líneas.

SLEUTH

Sleuth – El Detective (1972) – Sleuth – Juegos Siniestros (2007)

visita AutosDeCulto - el portal sobre la historia de los autos