Crítica: Cóctel Explosivo (Gunpowder Milkshake) (2021)

Volver al índice de críticas por año / una crítica del film, por Alejandro Franco

USA / Alemania / Francia, 2021: Karen Gillan (Sam), Chloe Coleman (Emily), Lena Headey (Scarlet), Paul Giamatti (Nathan), Carla Gugino (Madeleine), Angela Bassett (Anna May), Michelle Yeoh (Florence)

Director: Navot Papushado – Guión: Navot Papushado & Ehud Lavski

Trama: Hace años Scarlet – una sicaria dedicada a eliminar objetivos de alto nivel para una organización criminal secreta – cometió un error fatal y debió salir huyendo. Antes de partir confió la vida de su hija Sam a su empleador Nathan. Ahora Sam ha crecido y se ha convertido en una asesina a sueldo como su madre. Su misión es liquidar a un contador de la mafia que ha robado varios millones a la organización. Pero ni bien localiza y liquida a su objetivo, descubre que el contador tomó el dinero para pagar el rescate de su hija secuestrada. Sam decide resolver esto antes que maten a la niña pero ello pone en contra a Nathan y sus empleadores, quienes mandan matones a capturarla. Y Sam y la niña deberán refugiarse en el santuario donde viven sus tías – una biblioteca enorme que oculta el arsenal de armas que utiliza la organización de Nathan -, las cuales pronto se ponen del lado de la muchacha. Pero las cosas se volverán mucho mas disparatadas cuando, después de años de vivir en el exilio, su madre Scarlet aparezca imprevistamente y haga partido con la chica, dispuesta a defenderla a toda costa.

Crítica: Cóctel Explosivo (Gunpowder Milkshake) (2021)

Era obvio que, con el tiempo – y el prestigio in crescendo de la saga de John Wick – iban a aparecer clones de todo tipo y color. Gunpowder Milkshake (Batido de Pólvora, traducción literal) es uno de ellos, y uno de los menos logrados. Es como tener buenos ingredientes y ser un cocinero torpe que no lo sabe mezclar, cocer ni sacar a tiempo del fuego. El cast es bueno – Karen Gillan, la eternamente apetecible Carla Gugino, Lena Headey, Michelle Yeoh y Angela Bassett antes de pelear por los Oscars en el 2023 -, pero el director es burdo, el guión tiene agujeros de lógica y los tiempos muertos abundan. Cóctel Explosivo intenta ser la versión feminista de John Wick, e incluso trata de construir su propia mitología: en vez del Hotel Continental hay una cafetería retro (tipo años 50s) donde no se permiten armas (como si sirviera para que los enemigos tengan un espacio neutral para negociar; parley!), hay una armería clandestina disfrazada de biblioteca y atendida por sus tres encargadas, y hay una firma que le hace los trabajos sucios a mafias de distinto tipo y color. El tema es que muy poco de todo esto funciona: la mayoría de las refriegas son lentas, la mitología no tiene sentido, el componente dramático no funca (la Gillan es una asesina a sueldo hija de otra asesina a sueldo que se perdió sin dejar rastro cuando ella era adolescente) y todo es más pose que auténtico estilo. Ni siquiera los momentos supuestamente cómicos resultan graciosos.

El director Navot Papushado (que suena como otro alumno ruso de Timur Bekmambetov aunque en realidad es un guionista israelí que acá debuta en la dirección) quiere copiar a Chad Stahelski y no le sale. La Gillan tiene lomo como para ser heroína de acción (mide 1.80!) pero no tiene el espíritu de tal ya que lo suyo es ser simpática, así que todo el tiempo pareciera que estuviera atrapada en una sitcom. Ni siquiera el trío de veteranas sexys (Yeoh, Bassett, Gugino) puede sobresalir ya que sus diálogos van de lo acartonado a escupir puros latiguillos que parecen salidos de una (mala) película de Arnold Schwarzenegger. Cuando la Gillan las conoce, la escena es incómoda porque se ve que las actrices no saben cómo lidiar con diálogos tan malos y estereotipados. Al cóctel se suma Lena Headey como la madre de Nébula, pero – aunque es veterana del cine de acción – tampoco puede hacer algo que destaque. Hay otra tanda de mafiosos rusos ofendidos (tal como John Wick) y hay un ajuste de cuentas que culmina en una masacre. En el medio hay tres torpes sicarios enviados por Paul Giamatti (el único que funciona simplemente porque repite su eterno papel de burócrata ansioso) que se enfrentan a la Gillan primero en un estacionamiento y luego en un hospital clandestino de la mafia. Pero la edición es lenta, la coreografía de las peleas no es wow, y la gracia es mínima. Sumenle a esto que la Gillan debe proteger a una piba (Chloe Coleman, la chiquita insufrible de My Spy que acá, por lo menos, es mas tolerable) a cuyo papi acaba de meterle tres balazos justo cuando iba a explicarle que robó dinero de la mafia para pagar el rescate de su hija secuestrada. Quizás allí resida la falla de fondo de todo este estofado, porque es imposible que la Coleman perdone a la Gillan o que siquiera la adopte como madre cuando acaba de mandar a criar malvas a su amadísimo padre. Todo el asunto es tan bobo, traído de los pelos e inconsistente que no se entiende por qué, al final, la nena no le vuela la cabeza a la Gillan de un escopetazo.

Cóctel Explosivo aburre. Mi nena de 14 años me pidió verla – ya había intentado verla hace dos años y no pude pasar del minuto 15 – porque le encanta ver heroínas de acción en la pantalla y por eso pude terminarla, pero no, no es un entretenimiento válido. Le falta lógica interna, una protagonista mas dura y carismática, un mejor director para las escenas de acción. No es recomendable ni siquiera si es gratis, y solo puede zafar si el aburrimiento es enorme y no hay nada nuevo en streaming al día de la fecha.

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