Crítica: Amarcord (1973)

Volver al índice de críticas por año / una crítica del film, por Alejandro Franco

4 atómicos: muy buenaItalia / Francia, 1973: Bruno Zanin (Titta), Pupella Maggio (Miranda), Armando Brancia (Aurelio), Magali Noël (Gradisca)

Director: Federico Fellini – Guión: Federico Fellini & Tonino Guerra

Recomendación del Editor

Trama: Las aventuras adolescentes de Titta y sus amigos en el pueblito costero de Borgo San Giuliano, en la Italia de finales de los años 30 cuando el Fascismo está en alza. Una serie de viñetas sobre los locales, sus alocadas costumbres, la falta de respeto de los adolescentes ante todo, y el despertar hormonal de la barra de muchachos, dando a luz un carnaval de personajes y situaciones memorables.

Crítica: Amarcord (1973)

“QUIERO UNA MUJERRRR!!!!!!

No soy un experto en Federico Fellini, apenas conozco su obra, pero puedo afirmar con certeza que hay muchos toques de Jacques Tati en Amarcord. Ciertamente ambos obtuvieron la popularidad en los 50s, así que son contemporáneos. Ciertamente lo de Tati es mucho mas naif, pero la estructura de Amarcord es típicamente tatinianasi existe el término -. La historia dura un año, son viñetas aisladas de diferentes personajes, incluso hay un gag – un motociclista que corre desenfrenado por todo el pueblo durante todo el año – que haría las delicias del bufo francés. Pero Fellini no se queda en la imitación o el homenaje; mientras que lo de Tati era una especie de ópera cómica silente, acá hay diálogos, drama, comedia, caricatura y sátira. Es la tanada al palo. Mi esposa – hija de inmigrantes italianos – reconoce un montón de guiños de su familia gringa en las escenas que pinta Fellini. La exageración y el melodrama por todo. Hacer las camas adornadas con muñecas. Las reuniones familiares caóticas. El padre soberano discutiendo a muerte con la mujer, y la gran mesa larga de los domingos. Amarcord es un carnaval a la italiana en toda su expresión. Claro que hay momentos exagerados – como si fuera algo natural de la idiosincrasia itálica -, pero es una aventura que se disfruta durante el viaje, no al llegar a término.

Básicamente lo de Amarcord es un licuado de recuerdos autobiográficos de Fellini. El pueblo pequeño y sus intrigas menores, los personajes de la zona – la bomba italiana (a lo Sofía Loren) que todos desean pero nadie puede alcanzar; la ninfómana del pueblo; el acordeonista ciego del que todos se burlan; la pandilla de adolescentes cachondos que viven mirando traseros y bustos (y, encima, en una de Fellini, las mujeres son plus size!); los costumbrismos; el narrador que rompe la cuarta pared y le cuenta al público historias y leyendas;  y desde ya, el dardo letal hacia la iglesia y el fascismo, esa dupla cómplice que dominó Italia durante décadas como si fueran el último bastión contra el comunismo -. Lo mas triste de todo esto es que Mussolini, primer dictador de la historia, fanfarrón hasta los huesos, un bravucón que implantó métodos que copiaron desde Hitler hasta Stalin, no sería más que un payaso que ocuparía apenas unos renglones en la historia si no fuera por todo el daño que hizo, las persecuciones y torturas, y el meter a Italia en una guerra para la cual no estaba en absoluto preparada. Como todo régimen cobarde e inútil, solo sabía hacerse el valiente con los civiles, coartando la libertad de expresión, inflando egos con falso patriotismo, haciendo un estado corporativo, y creyéndose el gran defensor del pueblo… hasta que las cosas se le dieron vuelta y terminaron por lincharlo. Básicamente un inútil que solo sabía boconear. El problema es que si vivis años dentro de la burbuja que construye el fascismo terminás por asimilar toda la porquería que proclaman… aunque los más veteranos – como el padre del protagonista – opongan resistencia, aún de la manera mas absurda – como poner un gramófono en la torre de la iglesia, tocando el himno de los anarquistas -. Fellini le clava los dientes a toda esa parodia, ese nacionalismo inventado para los intereses propios del régimen, pintándolo como una sarta de inútiles que solo saben provocar.

Por supuesto Amarcord es un relato sobre el fin de la adolescencia. La Italia idealizada va terminando a su fin porque la guerra está en el horizonte. El protagonista aprende algunas lecciones sobre la vida, pero su destino estará en la batalla. Cuando llegue ese momento de sacrificio y dolor, sólo quedará el recuerdo de su pueblo natal, sus personajes caricaturescos, las grandes amistades, y las pasiones sin concretar. La muerte marca el fin de la ingenuidad. La adolescencia nunca será igual. Desde ya están las anécdotas de todo tipo – de las picantes hasta las más bizarras -, que son los momentos en donde el público estalla en carcajadas. Pero, al final, te agarra la melancolía. El viaje terminó, hay que despedirse de todos estos fenómenos que te divirtieron y conmovieron por dos horas. El tiempo lo marca la llegada de las esporas primaverales, se ha cumplido un ciclo. Mientras tanto vimos ceremonias, casamientos, una carrera, una nevada, muchos encuentros zarpados, una parva de maestros inútiles, un montón de curas castradores, prepotentes lamebotas del régimen, locos sueltos, travesuras bizarras, fantasías que nunca se cumplirán. También es cierto que la mitad de la magia del filme le pertenece a Nino Rota – sin su inmortal banda sonora, la película no pegaría tanto -. Entre Rota y Fellini hacen una dupla genial, en donde lo bizarro y lo emotivo se combinan de manera perfecta. Una vida no tiene sentido si no hay recuerdos que valgan la pena; y los de Fellini, trasladados al celuloide – si no son verdaderos, al menos están bien contados!, como dice el dicho – son formidables y memorables.

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