Crítica: Agente Stone (2023)

Volver al índice de críticas por año / una crítica del film, por Alejandro Franco

USA, 2023: Gal Gadot (Rachel Stone), Jamie Dornan (Parker), Sophie Okonedo (Nomad), BD Wong (Rey de Tréboles), Glenn Close (Reina de Diamantes), Mark Ivanir (Rey de Picas)

Director: Tom Harper – Guión: Greg Rucka & Allison Schroeder

Trama: Rachel Stone es una tímida hacker que trabaja para un equipo ultrasecreto del Mi6. Ahora está en una misión en Suiza, intentando capturar a un traficante internacional de armas. Pero las cosas no salen como es debido y, de pronto, la recatada Stone se transforma en una máquina de matar, liquidando a todos los que van tras su equipo. De ese modo Parker, líder del grupo, se entera que Stone pertenece a El Cártel, una organización de espionaje independiente dedicada a mantener la paz en el mundo y sin ataduras políticas de ningún tipo con gobierno alguno. El Cártel utiliza una super computadora cuántica dotada de una Inteligencia Artificial de avanzada llamada El Corazón, la cual puede identificar amenazas potenciales en todo el mundo mediante el hackeo masivo e invisible a todos los sistemas de información existentes. Pero Parker no es un mero operativo del Mi6; el operativo en Suiza ha sido un cebo para atraer a agentes de El Cártel para rastrearlos hasta su base y dar con el paradero de El Corazón, del cual Parker quiere apoderarse para tener el dominio del mundo entero. Y con las fuerzas de El Cártel diezmadas, lo único que se interpone para obtener el control completo de la super computadora es Stone, la que deberá actuar en solitario para evitar que Parker cumpla con su propósito.

Crítica: Agente Stone (2023)

Netflix tiene sus cosas: fomenta artistas independientes; revivió con mucho éxito el blaxploitation con Mi Nombre es Dolemite, Ellos Clonaron a Tyrone y The Harder They Fall; tiene series fantásticas… y por el otro lado, comporta como una bestia esquizofrénica podando series formidables como One Day at a Time, Santa Clarita Diet y 1899, cuando no, quemando dinero de manera demencial con superproducciones dotadas de libretos terribles.  Es como The Asylum con la billetera del FMI. Agente Stone pertenece a esta última categoría: ya que Misión Imposible: Dead Reckoning se iba a estrenar este año concibieron algo con tema similar pero a las apuradas (como si hubieran leído un resumen del filme de Tom Cruise), y le agregaron unas gotas de Kingsman, el Servicio Secreto. He aquí otro equipo de super espías combatiendo organizaciones mundiales malignas; pero en el grupo hay infiltrada una espía que pertenece a un servicio secreto independiente (Gal Gadot), cuyas acciones son guiadas por la central (Matthias Schweighöfer, Sophie Okonedo) quienes manejan una Inteligencia Artificial monstruosa. No, no se llama la Entidad sino Corazón. Semejante decisión estúpida de los libretista da para toneladas de chistes inintencionales (“el Corazón no anda”; “el Corazón está en peligro”; ” eres tan fría que tienes un Corazón de piedra” – y sí, la agente se llama Stone precisamente –) y un montón de gansadas mas que no veía desde la inclusión de América Chavez en la última del Doctor Strange (“¿que hacemos con América?”; “¡América corre peligro!”; “debemos recuperar a América”).

Los primeros quince minutos son pasables. Salvo el nombre, el tema de la IA – cuando aparece – es tolerable. La acción es muy buena, está rodada con cierto nervio pero no, no está la altura de las locuras de Tomas Crucero en sus misiones imposibles. El problema viene cuando la identidad de la doble agente se revela, el villano aparece, las intenciones son obvias, y el rastreo de los malos se vuelve cada vez más improbable… incluyendo drones gigantescos del tamaño de un zeppelin, invisibles al radar, dotados de ultra tecnología… excepto que usan hidrógeno en vez de helio para flotar (es como si los ingenieros que diseñaron eso nunca hubieran leído historia ni supieran por qué se desencadenó la tragedia del Hinderburg!), excusa estúpida como para que el aparatito vuele en mil pedazos. O gente apoderándose del centro de cómputos de una universidad para instalar su versión a escala del Corazón, como si el ejército no existiera, o siquiera si una Universidad tuviera un poder computacional superior al de NORAD. Y desde ya la pregunta clave de todo esto: ¿cómo rayos se financian los buenos y los malos con organizaciones gigantescas cuyos gastos son ultramillonarios y que ningún servicio secreto en el mundo ha detectado, a pesar de tener miles de agentes en el campo?.

Cuando hay persecuciones y peleas, la película zafa, aunque lo que ocurra en pantalla sea improbable. El problema es cuando hablan, ya que todos estos son personajes de cartón pintado. Este sí que parece un libreto escrito por una IA con personajes indistinguibles, clichés ambulantes sin personalidad. Lo otro que a esta altura me aburre es que los megalómanos de ahora son 5 o 10 tipos carentes de elegancia, secuaces letales ni siniestras organizaciones multinacionales. Ya no existe más el modelo de Spectre o Hydra; basta un grupo de comandos bien entrenados y un golpe de suerte para que estos GI JOE se hagan con el control del mundo. Pasa en los filmes de Misión Imposible y pasa en los últimos filmes de James Bond. Ya no existe más gente que manda matar a la oposición mientras paladea Dom Perignon del 56 y degusta caviar Beluga. Son todos recios, sucios, sudorosos y sin clase.

La Gadot tiene brillo propio pero no puede remontar un filme que se vuelve cada vez mas y mas traído de los pelos. Le pone ganas, no es que solo aceptó el cheque y funciona en modo automático, pero dudo que Heart of Stone le haga un gran favor a su carrera. La pregunta a Ted Sarandos, pope de Netflix, sería: si tenés la plata y los recursos… ¿por qué no te pagás un equipo de libretistas de primera?.

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