Crítica: León: el Profesional / El Perfecto Asesino (1994)

Volver al indice de críticas por género / una crítica del film, por Alejandro Franco

4 atómicos: muy buenaRecomendación del EditorUSA / Francia, 1994: Jean Reno (León), Gary Oldman (Stansfield), Natalie Portman (Mathilda), Danny Aiello (Tony)

Director: Luc Besson – Guión: Luc Besson

Trama: León es un sicario a sueldo. Toma trabajos de su empleador Tony, cumple sus contratos, vive en el anonimato. León, aunque es brillante en su oficio, es torpe en lo social. Vive en pocilgas, se alimenta de leche y galletas, nunca gasta su dinero en otra cosa que sea supervivencia. En el horrible edificio donde vive ahora se ha producido una carnicería – un grupo de policías corruptos ha masacrado a una familia -. Mathilda, una adolescente de doce años, sobrevive a la matanza debido a haber salido a hacer las compras mientras mataban a su familia. Desesperada, busca refugio en el departamento de su vecino León, al cual conoce sólo por saludarlo todos los días. En la diletante entre dejar a la niña abandonada a su suerte y abrirle y enredarse en un problema que no le corresponde, León decide hacer lo último. Mathilda conoce a los asesinos – su líder es Stansfield, el jefe de una división de la DEA y un sicópata de primera – y quiere vengarse por la muerte de los suyos. Se ofrece a contratar a León pero carece de dinero para pagarle y, para el sicario, la chica sólo es un estorbo en su vida. Pero pronto los caminos de Stansfield y Mathilda se cruzan ya que la chica está dispuesta a hacer justicia por su propia mano y, de pronto, todo se va al diablo. Aunque no lo quiera, León es el único capaz de rescatar a la muchacha y, en el camino, puede que hasta encuentre redención por su violenta forma de vida.

Crítica: León: el Profesional / El Perfecto Asesino (2004)

Asesino que se redime gracias al amor / la compasión. En este momento, un cliché de Hollywood – desde Asesinos Sustitutos hasta John Wick han usado el recurso hasta el hartazgo -. Pero en los 90s era un giro novedoso y, de todos los filmes que han usado el recurso, León: el Profesional es el mejor. En ese momento era fresco y, en el contexto de la historia, está justificado. No es simplemente el asesino que tiene en la mira de su arma a un niño y se arrepiente de su vida y profesión, sino un sicario que es testigo accidental de una matanza y que se ve en la encrucijada de refugiar a la chica que escapó de la masacre antes que los homicidas se den cuenta que el número de víctimas no cuadra y les falta uno. Hay grandes performances – Reno, una jovencísima Natalie Portman – y un Gary Oldman sacadísimo que se relame con su rol de policía corrupto y sicópata. La acción es intensa, la historia no tiene desperdicio; es uno de los mejores filmes de Luc Besson – sino el mejor -.

Por supuesto la historia no cierra del todo. Hay agujeros de lógica – el epílogo, el cómo sobrevive en un mundo brutal un asesino analfabeto (me acuerdo de Will Smith como Deadshot en Suicide Squad, enseñándole a su hija todos los cálculos matemáticos que tiene que hacer para acertarle a un tipo a una distancia enorme… y acá, para Reno, es como un talento natural) – y agujeros de moral. Si bien la Portman debe hacer de chica mas avispada de lo que indica su edad, el hecho que esté hipersexualizada (se viste como una lolita, anda con la ropa justa o exhibe demasiado un cuerpito que aún está en desarrollo) tiene sus momentos chocantes y parece una cuestión fetichista del director. Es cierto que su madrastra / hermanastra se visten como prostitutas o andan con calzas demasiado entalladas y que en semejante ambiente – donde la sexualidad se respira – sería imposible que la Portman se vista como una monja o que no se contagie de cierta viveza callejera pero, por el otro lado, cuando es recibida por León, el ambiente se pone extraño. En su defensa – y atajándose de la onda que le tira el libreto – Jean Reno interpreta a León como un tipo limitado, quizás con algún tipo de retraso, con lo cual es un niño en el cuerpo de un hombre aunque su tarea sea sangrienta y la cumpla con una eficiencia temible. En tal sentido León no representa una amenaza sexual para Portman sino que, cuando se relaja, puede ser un niño mas jugando con una compañerita del barrio. Pero en cambio, del otro lado, la cosa es mas risqué: uno no puede decir que la Portman ha adoptado como padre a Reno, quizás como un protector al que admira, pero pronto comienza a insinuar que lo ama e incluso le dice al vejete encargado del hotel que son amantes. ¿Delirios de adolescente, amor mal entendido o aspiraciones futuras de una niña criada en los bajos fondos?. Corren rumores que hay versiones del script donde Portman materializaba su atracción con Reno – léase, tienen relaciones – lo cual le hubiera ganado la hoguera de manera automática al filme. Aún sin ello hay planos incómodos – la declaración de amor en la fuga, el despertarse juntos en la misma cama aún cuando Reno siempre vive durmiendo sentado y en guardia (atento a posibles amenazas nocturnas) – que ponen en aprieto al espectador atento a los detalles.

Desde ese punto de vista, la única manera de aceptar a León: el Profesional sin prejuicios es considerarlo como un manga filmado: una historieta a la japonesa recargada de brutalidad, con personajes mas grandes que la vida misma y donde la lógica es lo de menos en el universo donde transcurre la aventura. Sea la Portman entrenándose como asesina (ilógico pero… ¿qué otro tema puede apasionar a un asesino iletrado?), escapando a un cerco policial insalvable o buscando refugio en un caro colegio privado en donde la primera decisión del encargado sería llamar a las autoridades de seguridad social. Pero si lo ves como viñetas de un manga – con el asesino como una figura en blanco y negro, dominado por un pequeño listado de reglas morales y de honor que respeta a morir y que le han permitido sobrevivir todo este tiempo, con una vida opaca que ha encontrado cierto tipo de cariño y hasta redención al proteger una inocente frente al mal supremo -, el filme funciona mucho mejor. Por ejemplo, nadie le cuestiona a Oldman que haya hecho una redada brutal y que haya matado a toda la familia de los sospechosos, incluyendo un pibe de cuatro años. O cómo un tipo tan pasado de rosca puede ser un capo operativo de la DEA en una organización que debe tener 10 ojos de manera permanente sobre cada uno de sus miembros para evitar que se tienten / descarrilen con la obscena abundancia que exhibe el mundo de la droga.

Aún con todos esos detalles, León: el Profesional es intensa, disfrutable y memorable. Oldman se pira mal y escupe latiguillos memorables todo el tiempo, además de ser despiadado e inteligente. La actuación de Portman – con sólo 12 años – es formidable: intensa, frágil, conspiradora. El cómo rastrea a Oldman hasta su guarida es tan simple como sorprendente. Y cómo lo encara para cometer ella misma la venganza es fabuloso – he aquí un libreto inspirado, con una historia simple donde los mecanismos funcionan solos ya que la mecánica de base está armada de manera inteligente -. Quizás Danny Aiello esté desperdiciado en un personaje que despierta suspicacias – ¿es un protector de León o uno que simplemente se aprovecha de su simpleza para quedarse con su dinero? – pero al final resulta honorable. Con todo es un filme sólido, plagado de grandes escenas y tonos sórdidos, que me parecen resultarían imposibles de replicar en estos tiempos de extrema corrección política.