Crítica: Tren Bala (2022)

Volver al indice de críticas por género / una crítica del film, por Alejandro Franco


USA / Japón, 2022: Brad Pitt (Vaquita de San Antonio), Joey King (Principe), Aaron Taylor-Johnson (Mandarina), Brian Tyree Henry (Limón), Andrew Koji (Kimura), Hiroyuki Sanada (anciano)

Director: David Leitch – Guión: Zak Olkewicz, basado en el libro de Kôtarô Isaka

Trama: Ladybug es el apodo de un asesino retirado que solo acepta encargos no violentos. Ahora debe viajar a Japón y recoger un maletín en un tren bala que va a Kyoto. Pero numerosos enemigos le salen al paso y Ladybug se ve envuelto en una conspiración de implicaciones infernales, que tiene que ver con la sucesión de un clan Yakuza y con el contenido del maletín que debía recoger. Los cadáveres se apilan pero no las respuestas, así que Ladybug se verá forzado a llegar al fin de la línea para poder resolver la trama y, de paso, liberarse de todas las partes involucradas, las cuales solo quieren su cabeza.

Crítica: Tren Bala (2022)

¿David Leitch (John Wick, Deadpool 2) ha perdido su mojo?. Considerando toda la plata invertida en Bullet Train, el cast de lujo, el tema y las situaciones elegidas, el filme queda lejos de ser el espectáculo memorable y descerebrado que prometía. Hay tiempos muertos y hay errores de casting pero, sobre todo, hay un tufillo a aventura ultraviolenta todo terreno onda Tarantino lite que no cierra y hace que uno suplique por mas balaceras y menos diálogos seudo graciosos y falsamente inspirados.

Me cuesta creer que me haya divertido mas con un engendro como La Ciudad Perdida donde figura la mitad del casting de aquí, incluso hay chistes cruzados entre las producciones de ambos filmes como el libro que lee Channing Tatum en el tren y que supuestamente lo escribió la autora que interpreta Sandra Bullock en la cinta de Netflix (y que acá hace de operadora que controla al personaje de Brad Pitt) – que con este filme. El drama es la indulgencia con los diálogos, los cuales no van a ningún lado. Mientras que Pitt es un ídolo, pienso que el filme hubiera funcionado mejor con alguien mas versado en la comedia (como Ryan Reynolds… ups, se me escapó!) que con el. Pitt hace de asesino reformado que ha entrado en una onda espiritual new age por lo cual acepta solamente trabajos en donde no deba matar a nadie. Por supuesto que las cosas se dan exactamente lo contrario, con el tren bala chorreando sangre y una tonelada de cadáveres apilados por doquier. El tipo tiene que robar un maletín, hay un par de sicarios (Aaron Taylor-Johnson y Brian Tyree Henry) con nombres graciosos que lo custodian, así como al hijo de un capo mafioso (cameo de Logan Lerman) al que acaban de liberar de un secuestro y se hicieron con el flaco y con la plata del rescate. Las cosas se complican cuando el tren empieza a saturarse de asesinos de todo tipo y color, ya sea por una extraña coincidencia del destino o como fruto de una rebuscada conspiración. El papá de Logan Lerman es Michael Shannon aka “La Muerte Blanca”, un hiper asesino ruso que se apoderó de un clan Yakuza, liquidó a medio mundo y es sumamente sangriento a la hora de las ejecuciones. En el medio hay un entretejido de historias de rellenos que complican en exceso lo que debería ser una historia mas simple.

Todo el filme despide un tufo a Kill Bill que mata, sea por los diálogos pretenciosamente inteligentes – Tyree Henry hablando horas y horas sobre cómo Thomas el trencito valiente se convirtió en su filosofía de vida, Pitt vomitando toneladas de sanata new age sobre armonía y cómo abrazar a tus enemigos para compartir su pena -, o por la presentación / entrada en escena de los distintos personajes con un resumen estilizado de su historia de fondo y por qué terminan llegando al tren. Pero hay algo que patina en todo esto – los chistes no aciertan, incluso la mitad de las peleas no se ven excitantes – con lo cual uno no termina simpatizando con nadie y termina pareciéndose a una superproducción – mediocre y desproporcionada – de Netflix. A Tyree Henry te dan ganas de darle una rociada de ametralladora cada vez que habla de dibujos animados, Taylor-Johnson es aburrido como siempre incluso cuando se burla de los ridículos nombres en clave que usan (Vaquita de San Antonio, Limón, Mandarina, etc), y el filme solo se mueve por la presentación interminable de estrellas invitadas en papeles menores o directamente en cameos. Solo en los quince minutos finales el filme repunta la puntería pero no termina por divertirte salvo de a ratos y en contadas ráfagas.

Es posible que el libreto (basado en un libro!) precisara una pulida profunda con mucho mas chistes, o que las coreografías fueran mas cómicas. Yo sé que esto pretende ser una estúpida película pochoclera para pasar el rato – no es que quiere ponerse a la altura de una aventura suprema en originalidad e inteligencia como Kill Bill, aunque se inspire bastante en ella – pero no me terminó por satisfacer. Desde ya que hay gente que quedará chocha con la cinta; yo no me incluyo ya que creo que con todo lo que tiene debería haber sido un espectáculo superior en vez de ser un clon mediocre de las aún mas mediocres películas de aventuras que suele producir Netflix.