Crítica: Operación Mincemeat (El Arma del Engaño) (2021)

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GB / USA, 2021: Colin Firth (Ewen Montagu), Matthew Macfadyen (Charles Cholmondeley), Jason Isaacs (almirante John Godfrey), Johnny Flynn (Ian Fleming)

Director: John Madden – Guión: Michelle Ashford, basada en el libro de Ben Macintyre

Trama: 1943. Los eventos de la Segunda Guerra Mundial están a punto de dar un giro dramático. Ahora los aliados han asestado una serie de duros golpes a la imparable armada nazi y pueden pelear de igual a igual. De todos modos es necesario abrir otro frente y el primer ministro británico Winston Churchill apunta a golpear “el vientre de la bestia”, invadiendo el sur de Italia. Pero las defensas alemanas de la península italiana está mas que reforzadas, con lo cual invadir en este momento culminará en una carnicería masiva. El comité de contrainteligencia – del cual forma parte el comandante Ewen Montagu – busca soluciones creativas para engañar a los alemanes y hacerles creer que la invasión en el Mediterráneo vendrá por el lado de las costas de Grecia. Para ello releen un antiguo memo de uno de los asesores, Ian Fleming, sobre la idea de plantar un cadáver con falsos documentos secretos en territorio enemigo – que indiquen preparativos para asaltar territorio griego por parte de los aliados -, cosa de que las fuerzas alemanas muerdan el anzuelo y se traguen la carnada envenenada. Pero armar semejante operativo es mucho mas complejo y vasto de lo imaginado – hay que conseguir un cuerpo ahogado, inventarle una historia de vida, crear documentación falsa en el ministerio, lanzarlo en el lugar apropiado para que sea hallado por individuos despiertos y, sobre todo, que la info atachada haga el camino directo hasta Berlín para que los nazis desvíen fuerzas de Italia a Grecia -, una tarea demandante y agotadora en la que entra a jugar por partes iguales tanto la inteligencia de los conspiradores como los dados que lance el destino para determinar la suerte de la misión.

Crítica: Operación Mincemeat (El Arma del Engaño) (2021)

¿Cómo una de las operaciones de inteligencia mas brillantes y osadas de la Segunda Guerra Mundial se puede convertir en un bodrio interminable de dos horas de duración?. La respuesta es: a causa de un mal director. John Madden no lo es ni por asomo – es el mismo tipo de Shakespeare Apasionado y El Exótico Hotel Marigold – pero no es el adecuado para tratar el material. Como si los vericuetos de poner en marcha una conspiración ultra excéntrica y altamente improbable – plantar un cadáver con falsos documentos secretos para que los nazis lo recojan, se traguen el anzuelo y asuman de que los aliados van a invadir Europa en otro sitio distinto al realmente planeado, cosa de que los alemanes desvíen tanto la atención como los recursos de la defensa – no fueran suficientemente entretenidos, Madden y la guionista Michelle Ashford (la de El Pacífico!; vaya si tiene credenciales para tratar temas de guerra!) le agregan un puñado de culebrones personales que no le interesan a nadie y dilatan la trama mas de lo debido. Esto era simple: había que copiar el estilo estoico de las películas de guerra de hace 60 – 70 años, restringirse a los hechos, hacer mucha edición rápida, plantar muchas dudas y alternativas, y terminar con un filme de 70 minutos de duración porque la historia no daba para mas. Pero no: tenemos que ver la historia del hermano comunista de Colin Firth (un desperdiciado Mark Gatiss), el problema marital de éste con su esposa (que respeta pero no ama), la chica recién llegada al equipo que calienta las miradas masculinas, un espía nazi salido de la nada a último momento, y los celos del compañero de equipo (Matthew Macfayden) hacia el brillo que acapara Firth frente a sus superiores. Ah!. Y una interminable catarata de fanservice sobre James Bond ya que Ian Fleming es el asesor del almirante que lidera esto y quien sugirió la idea. Así que está los M, la división Q, las charlas sobre estilo y tragos, el inicio de su carrera como novelista, etc.

Es posible que Operación Mincemeat no sea mala pero el ritmo lento y las desviaciones del relato principal la vuelven soporífera. Me reconozco un aficionado estudioso de la Segunda Guerra Mundial y conocía el tema, pero el tratamiento deja que desear y tuve que retomar dos veces el filme para terminarlo; imaginen lo mismo con alguien que ni siquiera conoce el asunto o no es adicto a las películas bélicas. La puesta en escena es muy buena, las perfomances son sólidas – desde el éxito de Succession Matthew Macfayden ha adoptado un tono cínico / ladino que es una delicia y se roba todas las escenas donde participa; Firth, en cambio, es mas pétreo y estoico – y no hay errores garrafales en el relato. Pero esto precisaba otro clima – mas intelectual y conspirativo imaginando alternativas a la historia que le van a crear al soldado muerto – y otro ritmo y, así como está, es solo un filme aceptable que le resultará tolerable solo a unos pocos.