Crítica: Love and Monsters (2020)

Volver al indice de críticas por género / una crítica del film, por Alejandro Franco


3 atómicos: buenaUSA / Canadá, 2020: Dylan O’Brien (Joel), Jessica Henwick (Aimee), Michael Rooker (Clyde), Dan Ewing (Cap), Ariana Greenblatt (Minnow)

Director: Michael Matthews – Guión: Brian Duffield & Matthew Robinson

Trama: Hace siete años la humanidad destruyó con misiles nucleares un meteorito que estuvo a punto de chocar contra la Tierra. Y aunque la humanidad se salvó, lo que no tuvo en cuenta era que millones de toneladas de restos cósmicos radiactivos caerían a la Tierra, provocando una oleada masiva de mutaciones en insectos y pequeños animales, convirtiéndolos en monstruos mutantes indestructibles que terminaría por asolar el planeta. Dylan es un joven que ya lleva siete años encerrado en el bunker subterráneo donde convive con un puñado de supervivientes, los cuales han formado familia y amigos. Y cada vez que alguno de ellos sale de expedición o perece en el intento, sus familiares y conocidos lloran su esfuerzo. Pero nadie extrañará a Dylan ya que es un solitario, un muchacho que tuvo que dejar a su novia adolescente de apuro hace siete años cuando la gente salió corriendo a esconderse tras la invasión de bichos gigantes; y ahora, sumido en la mas profunda depresión, ha decidido no morir solo en medio del Apocalipsis. Armado con un equipo de supervivencia, Dylan ira a buscar a su chica – con la cual ha estado hablando todos estos años a través de una radio de onda corta -, atravesando las 90 millas que lo separan del bunker donde ella vive. Pero para Dylan – que solo sabe cocinar, jamás manejó un arma y se congela ante el peligro – las chances de supervivencias son mínimas. Es en ese primer trayecto del viaje cuando se topará con un curtido viejo guerrero y la niña salvaje que lo acompaña, los cuales no sólo le mostrarán como sobrevivir en un ambiente tan hostil sino que le enseñarán un par de cosas importantes sobre el verdadero sentido de la vida.

Crítica: Love and Monsters (2020)

Por fin, hora de comentar algo que se entiende. Love and Monsters es Zombieland pero con insectos radiactivos mutantes gigantes en vez de muertos vivientes. O al menos, una parte. La historia es simple: ser soltero apesta cuando llega el Apocalipsis. Dylan O’Brien ha pasado los últimos siete años encerrado en un bunker subterráneo desde que los bichos mutantes dominaron la Tierra. Y ahora está podrido: todos tienen pareja o, si alguien muere, al menos hay gente que llora por ella. Pero no a Dylan: es un pusilánime de aquellos que solo dibuja y cocina. No sabe pelear con los bichos, por el contrario termina paralizándose en su cercanía. Tiene cero puntería, nada de instintos. En la superficie el flaco no duraría ni dos minutos.

Es claro que todo los que lo rodean se aterran cuando descubren que, en un acto de rebelión, Dylan decide irse a buscar a su novia de la adolescencia, con la cual habla por radio de onda corta todas las noches. La piba fue a parar a otro refugio a 90 millas del de Dylan, que es lo mismo decir que estuviera en Marte. Dylan se arma y abre la escotilla, y nadie da un peso por él sobre que llegue vivo a la noche.

Si Dylan sobrevive, es porque se topa con una pareja extraña: un guerrero veterano y curtido (Michael Rooker) que sabe de sobra las reglas del mundo y se dirige a un supuesto vergel en lo alto de una montaña helada donde los monstruos no se acercan; y una piba de aspecto salvaje (Ariana Greenblatt, básicamente repitiendo el mismo personaje de la serie Disney Stuck in the Middle) que lo quiere y lo trata como familia.

Love and Monsters es otro de esos filmes de “cuentos de crecimiento” donde el protagonista empieza de una manera y termina de otra. Y si, es una road movie pero a pie. Hay bichos, hay experiencias, hay androides educacionales, hay ciudades semidestruídas, hay vegetación mortal… y hay enseñanzas. El filme no es una comedia estridente sino zumbona, simpática, algo hablada de mas, con algunas acrobacias ok pero nada con la cual uno se ponga de pie para aplaudir. Quizás sea que el protagonista, aun con su sinceridad, es un pásula, y que hubiera sido mejor darle el centro del show a Rooker y Greenblatt que tienen mucho mas carisma, pero creo que ésa no era la intención del director. En todo caso es una película pequeña y amable con buenos momentos, algunos chistes buenos, ni una falla a la vista y un tono tibio que agrada hasta el punto de ser una película recomendable para toda la familia.