Crítica: Dolemite is my Name (2019)

Volver al Indice – crítica de Cine Fantástico y de Culto / una crítica del film, por Alejandro Franco


Recomendación del EditorUSA, 2019: Eddie Murphy (Rudy Ray Moore), Keegan-Michael Key (Jerry), Mike Epps (Jimmy), Craig Robinson (Ben), Tituss Burgess (Toney), Da’Vine Joy Randolph (Lady Reed), Kodi Smit-McPhee (Nick), Wesley Snipes (D’Urville Martin)

Director – Craig Brewer – Guión: Scott Alexander & Larry Karaszewski

Trama: Los Angeles, principios de los 70. Rudy Ray Moore es un cuarentón que trabaja en una tienda de discos y que hace pequeños bolos cómicos en un teatro de la zona. Decepcionado de su carrera artística, Moore decide reinventar su acto, escuchando las barbaridades que cuentan los vagabundos del barrio acerca de una leyenda urbana llamada Dolemite – un vividor, mujeriego y apostador, capaz de las mayores barbaridades -. Recopilando sus cuentos Moore arma un acto y se presenta en sociedad, logrando un gran éxito en la comunidad afroamericana. Llegan los contratos y los discos, y aunque su popularidad está en alza Moore quiere mas: quiere llegar a la pantalla grande, a todas las comunidades negras de Estados Unidos y hablarles con su lenguaje y con su humor. Pero su libreto es rechazado por todos los estudios y, aunque logra financiarse él solo gracias a los aportes propios, de su sello discográfico y de sus amigos, no logra poder vender la película ni aún terminada. Con las deudas agobiándolo, a punto de perder el derecho sobre sus exitosos discos – a causa de los adelantos dados por su disquera para poder rodar el filme -, y mas solo que nunca, los sueños de Rudy Ray Moore parecen haber llegado a un callejón sin salida. Pero, mientras tanto, en una anónima emisora radial de Indiana…

Crítica: Dolemite is my Name (2019)

Feo. Fuera de estado. Boca sucia. Con cuarenta y pico de años y trabajando como dependiente de una disquería. Con mas ambición que talento. Sin embargo esto es Hollywood, la tierra donde todo es posible. ¿Quién pensaría que este moreno panzón iba a hacerse un lugar en la memoria de la gente, y a convertirse en un ídolo de multitudes?. Pues esa es la historia de Dolemite is my Name.

No es difícil trazar montones de paralelismos entre el filme y el Ed Wood de Tim Burton (a final de cuentas tienen los mismos guionistas). Pero la diferencia de tono es substancial. Mientras que el verdadero Ed Wood era un delirante, Rudy Ray Moore era un tipo que sólo quería obtener el reconocimiento del público. Su juventud fue muy dura y de pronto se encontró en una edad en donde todos ya habrían triunfado o encontrado su ocupación definitiva. Tomando ideas de las historias callejeras de los vagabundos del lugar, Moore comienza a crear su propio lenguaje e inventa un personaje: Dolemite, una especie de cafisho del gueto que se las sabe todas y ha hecho lo que se le dió la gana. Este fanfarrón que se las da de ganador le arma una carrera, un contrato discográfico y popularidad. Pero él desea llegar a mas gente. ¿Y qué mejor que el cine para estar simultáneamente en todos lados?.

Hay una escena ejemplificadora de por qué Moore era tan popular con los morenos y no con los blancos. Cuando Moore y sus amigos van a ver Primera Plana (1974), no logran reírse de ninguno de los chistes que disparan Jack Lemmon y Walter Mathau. El humor de los blancos es distinto; los morenos buscan otra cosa. Y Moore quiere brindársela, aunque para ello tenga que empeñarse y hacer las cosas por su cuenta. Por ello recluta gente (y termina haciendo una familia sui generis tal como Ed Wood, aunque en el filme de Tim Burton todos eran freaks), arma una historia violenta, le mete exageraciones de todo tipo y consigue armar un engendro exótico… que nadie quiere exhibir. Pero Moore es el héroe de su propia historia, y hoy no estaríamos hablando de él si hubiera fracasado. Y al final demuestra ser un hombre agradecido y generoso, un tipo que prefiere quedarse con su público (una enorme fila de gente que sacó entrada para ver la película y que ahora debe hacer tiempo para entrar a la función extra de las 2 de la mañana que el cine se vio forzado a agregar ante la enorme convocatoria de público) y entretenerlos, devolviéndole un poco del amor e idolatría que le han dado.

Por supuesto éste es el mejor trabajo de la carrera de Eddie Murphy (no vi Dreamgirls, pero acá merece otra nominación… y que no la cag… con otra secuela de El Profesor Chiflado, porque Murphy tiene esa mala costumbre de tomar terribles decisiones con su carrera en los momentos mas triunfales de la misma). Bromea, se deprime, es tierno y compasivo, es entusiasta.. y es solidario. El momento en que rescata a una robusta morena (Da’Vine Joy Randolph) de las garras de su abusivo esposo y la recluta para su troupe es conmovedor. He allí un romance platónico entre el veterano comediante y la incipiente divorciada que alguna vez fue flaca y tuvo una carrera artística. Pero la troupe se completa con personajes de todo tipo – el guionista con pretensiones serias (Keegan-Michael Key) que debe meter tetas y desnudos en su supuesto relato realista callejero; el actor de segunda devenido improvisado director y lleno de humos (un delicioso Wesley Snipes, otro que clama a gritos un comeback); el sufrido asistente y amigo que le aguanta todas las rabietas (Tituss Burgess); el amigo que termina inmolando el auto de su primo para que la película tenga alguna explosión (Mike Epps); y el músico que se ha vuelto un admirador del comediante y lo sigue en la aventura (Craig Robinson) – y la química entre ellos es brutal. Y si bien no todo es risas, la historia te llega por las perfomances y por la épica del tipo. No le importa si la película hace dinero, solo le interesa llegar a la pantalla grande… y a la gente con su arte.

Dolemite is My Name es un gran filme. Lo mejor es que se nota que está hecho con ganas, con reverencia hacia un tipo que, mas que talento, fue un personaje súper carismático y dejó un recuerdo imborrable. Murphy putea en mil idiomas – saliendo de su zona de confort – y se mueve con una comodidad apabullante. Nació para este personaje y, seguramente, es el papel de su vida.