Crítica: Los Sospechosos de Siempre (The Usual Suspects) (1995)

Volver al índice de críticas por año / una crítica del film, por Alejandro Franco

4 atómicos: muy buenaUSA, 1995: Gabriel Byrne (Dean Keaton), Kevin Spacey (Verbal Kint), Chazz Palminteri (Dave Kujan), Stephen Baldwin (McManus), Benicio Del Toro (Fenster), Kevin Pollak (Hockney), Pete Postlethwaite (Kobayashi), Suzy Amis (Edie Finneran), Giancarlo Esposito (Jack Baer), Dan Hedaya (Jeff Rabin)

Director: Bryan Singer – Guión: Christopher McQuarrie

Recomendación del Editor

Trama: Alguien ha robado un camión repleto de armas. La policía ha apresado a un grupo de criminales sospechosos de haber cometido el atraco. Pero los talentos de los sospechosos son tan dispares que ninguno, por sí solo, podría haber ejecutado el robo. Está el ex policía corrupto Dean Keaton, el cual vive ahora en la legalidad y goza una buena vida gracias a ser la pareja de la prestigiosa abogada criminalista Edie Finneran; está el violento Michael McManus, el que junto a su socio Fred Fenster, acostumbran moler a golpes a gente por encargo; Todd Hockney, un especialista en explosivos; y Roger Kint, un estafador de poca monta que encima es lisiado y tan charlatán que se ganó el apodo de Verbal. Keaton desconfía de la rueda de reconocimiento, y está convencido de que han sido reunidos a propósito por alguna razón oculta. Ahora han trabado amistad, y han comenzado a operar como una banda. Y después de un golpe que le ha dado resultados inesperados – esperaban robar joyas y se toparon con bolsas de droga -, se han encontrado con la persona que les ha encargado el atraco: un misterioso abogado conocido como Kobayashi. Kobayashi les revela que todo lo ocurrido hasta ahora ha sido orquestado por su empleador, un cerebro criminal con fama de implacable y que es conocido como Keyser Soze. Y, como en el pasado el accionar criminal de los miembros de la banda han fastidiado operaciones que Soze ha estado pergeñando desde hace mucho tiempo, ahora están obligados a retribuirle con un favor, so pena de que sus familias y amigos sean masacrados de la manera mas brutal posible. El favor en cuestión es asaltar un buque que va a llegar a puerto y que trae 90 millones de dólares en droga. Pero toda la operación es una misión suicida y los miembros de la banda se debaten entre ir a una muerte segura o abandonar el operativo y esperar la furia de Keyser Soze. Pero… ¿y si nada de todo esto fuera cierto?.

Crítica: Los Sospechosos de Siempre (The Usual Suspects) (1995)

El mayor truco del Diablo es hacerle creer al resto del mundo que él no existe.

Tall Tales. Cuentos que son más grandes que la vida misma. Como la canción de Luis Aguilé sobre Pecos Bill, el vaquero que abrió la tierra de un disparo y así creó el Gran Cañón de Colorado. De anécdotas pasan a leyendas urbanas y, con cada narrador que le agrega sus propias especias, la historia se agranda y se agranda hasta volverse increíble. Claro, el tema va en el talento del narrador para que la mentira disparatada se vea creíble a primera vista y, tiempo mas tarde, te des cuenta de que lo que te contaron era un bolazo atómico.

Los Sospechosos de Siempre es una historia plagada de Tall Tales. Empieza en el despacho de una estación de policía. Un interrogador, un testigo temeroso. El “verso legendario”, en este caso, trata sobre un cerebro criminal que maneja el bajo mundo desde las sombras y tiene fama de brutal. Keyser Soze, el diablo con forma humana. Tiene oídos en todos lados, cualquier crimen que ocurra en el país está orquestado de manera directa o indirecta por él, es el titiritero que maneja los hilos y, cuando actúa, es sanguinario y brutal. Los criminales más despiadados le temen, la policía sólo sabe de su existencia por habladurías de los soplones. ¿Leyenda urbana o un monstruo implacable que acecha en la oscuridad y que, si te cruzás en su camino, acabará con tu familia, tus amigos y – cuando estés a punto de suicidarte – vendrá por tí para asesinarte de la peor manera posible?.

Por supuesto la historia de Keyser Soze es un bolazo monumental pero, cuando Bryan Singer y Christopher McQuarrie lo revelan – sacándolo de debajo de una de sus mangas -, vos ya compraste toda la historia y lo de Soze se ve creíble. Es que la historia de Los Sospechosos de Siempre arranca de manera realista y razonable. Y después empieza a escalar en disparate. No, no te das cuenta, pero algo en tu inconsciente te dice que las cosas no cuadran. El testigo temeroso, un estafador de poca monta (que encima es lisiado) narra ciertas cosas que no se condicen con los flashbacks que uno ve en pantalla. Tomemos por ejemplo al personaje de Dean Keaton: un policía corrupto, alejado de la fuerza, que pasó en prisión, mató a unos cuantos que lo amenazaron en la cárcel y ahora está libre y absuelto de los cargos gracias a que sedujo a su abogada (la mejor criminalista de la ciudad) y le salvó las papas del fuego. Pero si hay algo menos amenazante en el mundo, es la interpretación de Gabriel Byrne. Keaton / Byrne no parece una mente criminal maestra, un hampón sediento de sangre, sino alguien cerebral y temeroso de haber caído en una jugada que no puede manejar. No va la actitud con la fama que el testigo y el teniente le adjudican. ¿Es Keaton el dichoso Keyser Soze?. Los hechos de los flashbacks lo contradicen, el relato del lisiado Verbal Kint dice otra cosa.

Y entonces percibís las contradicciones pero no te terminás de entender por qué ocurren. Y lo que pasa en realidad es que Singer y McQuarrie están haciendo un truco de magia delante de tus ojos, con partes que son verdad (o parecen verdad) y otras muy exageradas pero disparadas con el timing justo como para que no parezca mentira. Es todo un embuste que requiere un exquisito trabajo de coordinación entre libretista y director para, cuando mandan fruta al por mayor, no digas “uh, eso no es creíble”. Todo se trata del clima que hayan creado. A esa altura podés comprar la historia de Keyser Soze con un moñito y seguir adelante, porque querés saber qué es lo que pasó esa noche en el puerto, en la masacre de húngaros y argentinos (!) que terminó con la mayoría de la pandilla de Keaton criando malvas y con un buque incendiado.

Pero éste no es un relato común de una fechoría. Verbal Kint no es un narrador fiable. Y lo que tenés, en cambio, es una especie de versión minimalista de Rashomon. En el clásico de Akira Kurosawa ocurre un incidente y varios testigos son citados a dar su testimonio sobre lo que pasó. Cada versión es tan diferente que incluso contradice otras existentes. En Los Sospechosos de Siempre sólo hay un testigo – Verbal Kint -… y los flashbacks, que funcionan como si fueran un testigo virtual. Y no siempre lo que dice Kint va de la mano de lo que ocurre en la pantalla. “Keaton estaba decidido a seguir adelante, porque cuando vuelves a tomarle el gusto a tu vida del crimen, eres criminal para toda la vida”… y, en cambio, vemos a Byrne desesperado, sin saber si agarrar viaje o no, porque Keyser Soze le ha dejado un rastro de migas de pan hasta toparse con él (bah, con su despiadado representante, el abogado Kobayashi, interpretado de manera memorable por Pete Postlethwaite). Ahora Kobayashi le ha revelado a la pandilla que todos están en deuda con Keyser Soze, ya que en algún momento de sus vidas han arruinado alguna de sus operaciones – robando antes que él materiales que precisaba, estafando a su personal, matando gente que le resultaba indispensable -. Soze es como Dios, está en todas partes, ve y escucha todo, y sabe de sus familias, de sus secretos más sucios, de sus enemigos, de lo que la policía sabe de ellos. Están en su poder y deben cumplir una última misión: atacar el barco que llegará esa noche al puerto, y que trae un cargamento millonario de droga, lo que revitalizaría al cartel rival que amenaza los negocios de Soze en la gran ciudad. ¿Pero es así, o es otra “gran mentira” de la historia?.

Lo que ocurre es que la velocidad del relato no te deja pensar en las incongruencias del mismo. La pandilla se ha formado de manera espontánea: una rueda de sospechosos los ha puesto en la misma celda. Es por un crimen que, ni por asomo, está en el rango de su gama natural de trabajo: el robo de un camión de la policía atestado de armas decomisadas y listas para destruir. Pero los talentos de los sospechosos reunidos son incongruentes: hay un artificiero (Pollak), un sicópata asesino (Baldwin), el cómplice del sicópata (Del Toro), un ex policía corrupto que vive ahora en la legalidad (Byrne) y un estafador de poca monta que encima es lisiado (Spacey). ¿Cómo haría el lisiado para doblegar a los custodios, robar el camión y vender las armas él solito?. ¿Qué razones tendrían los demás, que viven en paz o cometiendo pequeños crímenes sin levantar la atención, para complicarse la vida con semejante golpe?.

Ah… porque todo es una movida maestra de Keyser Soze para juntar un grupo de talentos complementarios, un equipo a la Misión Imposible, capaces de dar el golpe que el diabólico criminal precisa.

Pero es ése y otros detalles los que llaman la atención al espectador avispado. Y por supuesto, el memorable chiste del final. Pero hay que dejar en claro algo: aunque tengan una estructura parecida, Los Sospechosos de Siempre no es Sexto Sentido (la que aparecería 4 años después!). La obra maestra de M. Night Shyamalan es un mecanismo de relojería impecable donde las piezas encajan de manera perfecta y, en una segunda (tercera, cuarta, etc) visión del filme, te das cuenta de la sutileza de los detalles. En cambio, una segunda visión de Los Sospechosos de Siempre te deja ver los costurones del relato. ¿Cómo no me di cuenta antes de que tal o cual escena es absurda o demasiado exagerada?. Simplemente porque los trucos de magia funcionan la primera vez que los ves. Luego, cuando conocés el secreto, te agarra el cinismo y podés indicar cómo el mago va escondiendo las cosas delante de tu vista para revelarlas en lo que Christopher Nolan / Michael Caine (en el filme homónimo) decía “el gran prestigio”. El pase de manos camuflado. El As oculto bajo la manga.

Las performances son muy buenas. La tensión va en aumento. Hay agujeros de lógica (en especial en la segunda visión: ¿por qué Kint no escapó con la camioneta desbordante de millones de dólares?) pero, claro, hay explicaciones alternativas. Después de todo, lo que vemos no es más que una historia… o una versión de la historia que quizás no sea ni el 5% de lo que realmente pasó. Pero esa es la magia de Keyser Soze. Hacerle creer a los demás Tall Tales, historias legendarias que no tienen asidero en la realidad. Con toda su ambigüedad y misterio, Keyser Soze es uno de los pocos casos en donde un personaje de ficción es tan memorable que es asimilado inmediatamente por la cultura popular. Si ocurren cosas raras y te ponés conspiranoico, es posible que Keyser Soze esté detrás de ello. Y si llega a estar leyendo esta review… entonces, larga vida a Keyser Soze.