Crítica: La Señora Davis (Mrs Davis) (2023)

Volver al índice de críticas por año / una crítica del film, por Alejandro Franco

4 atómicos: muy buenaUSA, 2023: Betty Gilpin (hermana Simone / Elizabeth Abbott), Jake McDorman (Wiley), Andy McQueen (Jay), Chris Diamantopoulos (JQR), Katja Herbers (Mathilde LaFleur), Tom Wlaschiha (padre Hans Ziegler), Elizabeth Marvel (Celeste), Ben Chaplin (Arthur Schrodinger), Mathilde Ollivier (Clara)

Creada por Tara Hernández & Damon Lindelof

Recomendación del Editor

Trama: Después que su amigo de toda la vida, Wiley, sufriera un terrible accidente en un rodeo y quedara al borde de la muerte, Elizabeth Abbott ha descubierto el poder de la religión y ha decidido convertirse en monja. Utilizando su alto poder de concentración, Elizabeth es capaz de viajar mentalmente a un sitio de paz en donde un joven de Medio Oriente la atiende en soledad en su bar donde le sirve falafels. Elizabeth se enamora perdidamente de la pureza y candidez del dependiente, al cual llama Jay y que en realidad es una encarnación imaginaria del mismísimo Jesús. Visitando a Jay todos los días en su restaurant, Elizabeth ha decidido vivir enclaustrada en un convento en medio del desierto, alejada por completo de la civilización y de su familia. Pero ahora hay una Inteligencia Artificial que se ha vuelto extremadamente popular, al punto que todo el mundo la tiene instalada en sus celulares. La IA les aconseja sobre todo tipo de temas, desde cómo vivir y ser felices hasta lo que deben buscar en la vida. Considerando a la IA como herética – por ser un reemplazo de Dios, ya que la gente la adora y ha dejado de ir a la Iglesia -, Elizabeth está en contra de su existencia y está decidida a combatirla hasta las últimas consecuencias. Y donde las cosas se saldrán de control es cuando la IA – a la que todo el mundo llama cariñosamente “la Señora Davis” – la contacte (utilizando a los usuarios como sus cabezas parlantes) para encomendarle una misión de la cual depende su existencia: Elizabeth debe hallar a toda costa el paradero del Santo Grial – la copa en donde Jesús bebió vino durante la Ultima Cena – y destruirlo. Y aunque eso le parece tanto un sacrilegio como un disparate, Elizabeth acepta, a cambio de exigirle a la IA que se autodestruya si ella consigue cumplir su objetivo. Lo que sigue es un largo derrotero plagado de aventuras disparatadas de todo tipo, con órdenes secretas de Templarios, conspiracionistas escondidos en el Vaticano, incompetentes grupos de la Resistencia que hacen todo lo posible para sabotear la existencia de la Señora Davis… hasta científicos perdidos, leyendas urbanas y chiflados que le hablan sobre un posible Apocalipsis en caso de que la IA desaparezca, ya que la humanidad se ha vuelto tan dependiente de ella que no sabría qué hacer si se extinguiera. Y, mientras tanto, Jay / Jesús le pide a Elizabeth que no cumpla la misión porque la destrucción del Grial pondrá en riesgo su existencia como faro de la Fe para toda la humanidad.

Crítica: La Señora Davis (Mrs Davis) (2023)

Inteligencia Artificial malévola quiere controlar el mundo y sólo la heroína puede combatirla. Wow, esto lo vimos antes, en una pequeña película llamada Terminator. ¿Qué se puede hacer que no se haya hecho antes y que no suene a cliché?.

Pero esta vez la cosa es distinta. La Resistencia son una manga de palurdos que arman trampas a lo Looney Tunes y sólo falta que las armas ineficientes que utilizan sean fabricadas por ACME . La heroína es una monja que está dispuesta a combatir a la IA por considerarla herética. La IA es mucho más amable de lo que parece, aunque no es para nada ingenua y anticipa cada intento de sabotaje de la Resistencia, desarmándolo con una facilidad pasmosa. Y en el medio hay un montón de bolazos que bordea lo histérico, desde conspiraciones Vaticanas y caballeros templarios (onda El Código Da Vinci), leyendas arturianas, limbos habitados por un Jesús históricamente creíble (no ese dios rubio de ojos azules que parece salido de un poster de surfers), apps de comida rápida que cobraron conciencia y se lanzaron a conquistar el mundo, un sistema de caducidad humano a lo Fuga de Logan / Fuga en el Siglo XXIII, y la humanidad operando con mentalidad de colmena a lo Borg, donde cualquier extraño – con un celular y un auricular Bluetooth – puede pararte en medio de la calle, llamarte por tu nombre y decirte lo que estás haciendo mal en la vida. Eso sin contar un científico que ha elegido pasar su vida como náufrago en una isla perdida en el océano, ya que sabe toda la verdad de la milanesa y es demasiado delirante para que la humanidad la entienda. ¡Santos Griales, Batman!.

Todo esto es un alto chifle diseñado por Tara Hernández y Damon Lindelof. Uno no está en la cocina del show pero asumo que la Hernández (veterana libretista de The Big Bang Theory y Young Sheldon) ha quedado empapada en cuestiones científicas que no siempre tienen respuesta, amén de tener la enorme habilidad de convertir temas incomprensibles en algo cómico. Imagino que ella trazó la línea de ruta y aporta el humor, y LIndelof le genera la estructura y lo densifica. La Señora Davis utiliza una receta muy parecida a Watchmen, la miniserie, en donde cada capítulo comienza con un flashback o con una historia / personaje que parece descolgado de la trama y que, al final, todo termina integrándose de manera impecable como si fuera un enorme rompecabezas brillantemente construido.

Es posible que la inspiración de La Señora Davis venga por dos lados: el primero y obvio, que ahora todos estamos hablando de IA, el tema de moda. Pero el segundo podría ser American Gods, esa serie basada en la novela de Neil Gaiman, en donde los dioses históricos han perdido el poder a causa de que la humanidad adora una generación de dioses modernos como la Electricidad, Internet, la Cultura Pop y un vasto etcétera. Mientras que American Gods se derrumbaba por la prepotencia y estoicismo de sus ideas, La Señora Davis aborda el mismo tema desde un punto de vista muchísimo más descontracturado. La IA es el nuevo Dios (y encima es femenino!), y el dios tradicional (Jesús & Co) han caído en desgracia porque la humanidad está encandilada con esta nueva diosa electrónica que realmente está presente en sus vidas y le provee soluciones prácticas de todo tipo. La Fe se ha drenado y ahora la gente no ora. Las religiones tradicionales han caído en desuso y lo que queda son nuevos movimientos de fanáticos, que adoran a la Señora Davis por haberle cambiado sus vidas.

Lo que sigue es un viaje lisérgico que resulta imposible anticipar para dónde va a agarrar o cómo va a terminar. En una crisis de fe, Elizabeth Abbott se ha convertido a la religión y ahora se la conoce como la hermana Simone (Betty Gilpin, un talento insuperable que merece un espacio en la pantalla grande desde hace rato; excelsa en el drama, formidable para la comedia). Elizabeth / Simone es hija de magos, y como sus padres se separaron en malos términos, se ha vuelto una escéptica respecto de la magia. Para ella lo que hace la IA es un truco de magia para embaucar a la humanidad, diciéndoles sólo lo que la gente quiere escuchar. Sin usar ningún medio electrónico que pueda estar controlado por la IA (a la que la gente cariñosamente la llama La Señora Davis, de ahí el título de la serie), Simone vive en una comunidad desconectada del mundo moderno como si estuviera en el siglo XIX. Un día la IA – a través de la gente conectada – empieza a perseguirla, curiosa de por qué no ha caído bajos sus encantos. Cuando la acorrala, Mrs Davis hace un trato con Simone: debe encontrar el Santo Grial (sí, ese Santo Grial) a cambio de concederle un deseo, cualquiera que sea. Y lo que desea Simone es que la IA se apague y se borre, liberando a la humanidad de lo que cree es su yugo.

Claro, es que la gente se ha vuelto adicta y vive mirando las pantallas de sus celulares (¿acaso no lo hace ahora, y eso que no existe aún la Señora Davis?). En este mundo la Señora Davis es la versión omnipresente de Siri o el asistente de Google, operando todo tipo de equipos informáticos, cámaras y otros dispositivos electrónicos, y dando consejos de todo tipo – desde recetas de cocina hasta tips de cómo llevar tu vida, tu matrimonio, criar a tus hijos, etc -. No es Skynet repitiendo con voz de musculoso austríaco: “Humano malo. Matar! Matar!”, sino que tiene un propósito mucho más altruista: mejorar la calidad de la vida de sus usuarios… o sea toda la humanidad. Pero Simone está convencida que sólo es palabrería barata y que la IA es incapaz de controlar la naturaleza caótica y violenta de la raza humana, léase, crear una utopía a nivel mundial en donde la maldad, el odio, el hambre o la guerra no existen. La IA es sólo una droga electrónica que te da lo que vos querés escuchar.

Ahora bien: ¿por qué la IA quiere destruir el Santo Grial, la copa donde bebió Cristo en su Última Cena?. Y ahí es donde la cosa se pone interesante porque, detrás de toda la sanata, la comedia y el disparate de la serie, hay una cuestión seria de si la tecnología no termina siendo la última religión a la que todos adoran mas allá de nacionalidad o credo. Si el único símbolo real de la existencia de Jesús, pilar de una de las religiones más extendidas del mundo, es un cuenco sagrado, entonces hay que destruirlo para que la Fe se derrumbe. Pero la IA opera de formas misteriosas, y quizás toda esta misión no es más que una prueba para demostrar de que Simone es digna. ¿Y digna de qué?. De valorar si la existencia de la IA realmente vale la pena.

En el medio hay bolazos de todo tipo. El jefe de la Resistencia, Chris Diamantopoulos, es un enano pasado de adrenalina y músculos que habla como el líder de los Pingüinos de Madagascar y se le ocurren mil planes chiflados de cómo atacar a la IA – Diamantopoulos es un ladrón de escenas constante y de lo mejor que tiene la serie -. Hay una sociedad secreta de mujeres, la Hermandad de la Moneda, que custodia al Grial y arma campañas de publicidad falsas para que el objeto sea visto por millones de espectadores ya que, si no es visto (o adorado), el Grial se pone de malhumor (!!) y provoca tormentas y desastres naturales. Hay conspiradores detrás de los conspiradores, los cuales han reemplazado al Papa y tienen sus propios planes con el Grial. Hay un científico chiflado que se llama Schrodinger y al cual todo el mundo lo j… regalándole gatos o cosas relacionadas con felinos; está la madre de Simone, la cual ha montado una agencia de seguridad privada que tiene mas data (y trucos) que la CIA misma; está el bobalicón enamorado de Simón desde la infancia, el cual es billonario y financia la Resistencia; y hay una tonelada de gansadas de todo tipo y color, algunas formidables, como cuando Simone entra en trance y despierta en un limbo donde Jesús atiende un bar que sirven falafels y donde se besan y hacen el amor. Y mientras que esto último suena a herejía, el tono cómico de la aventura permite perdonarlo, ya que este Jesús (moreno, barbudo, ojos negros) es bondad pura y sabe que su existencia está amenazada por la IA, pero confía en Simone, con la cual se ha casado – de manera literal, tomando al pie de la letra el voto de que las monjas solo están casadas con Dios -. Es obvio que Simone tiene sus momentos de debilidad terrenal porque su amigo de la infancia le sigue atrayendo, pero su Fe es más grande. Más que una monja guerrera, es una monja aventurera.

Pero en realidad todo esto es una procesión de Simone para probar que es digna, y tener la bendición del destino  – y de Jesús, de la IA y hasta de la Virgen María (cameo de la mujer con voz de trueno Shohreh Aghdashloo) – como para decidir la suerte de la humanidad. Quizás lo que no encaje bien en el relato (que es un licuado de locuras de todo tipo y color) es la relación con su distante madre, una pragmática de aquellas y que era la que diseñaba los elaborados trucos de magia que protagonizaba su marido. El capítulo final de la serie no es tan satisfactorio como debiera, aunque las expectativas creadas por los capítulos previos son tan enormes que no creo que hubiera una resolución que pudiera colmarlas. (alerta spoilers) A lo sumo te quedan un par de incógnitas, sobre si la IA realmente se auto destruyó o simplemente mutó (el enigma de por qué las aspas del viejo molino se siguen moviendo, aún después del apagón informático mundial que supone la desaparición de la Señora Davis). (fin spoilers)

Es difícil saber si La Señora Davis es sólo un ejercicio de estilo de llevar un relato de fantasía hasta los límites últimos de la credibilidad del espectador, una hábil sátira sobre la tecnología moderna y la religión, o un brillante licuado de teorías conspiranoicas que te dan una aventura deliciosa mientras dura. Detrás de todo esto hay un par de ideas profundas que uno puede arriesgar pero no puede afirmar porque cada uno puede interpretar la serie como quiere. El tema del personaje de Schrodinger tiene que ver con eso. No es un nombre elegido al azar, está la Paradoja del Gato de Schrodinger que dice que si tengo un gato en una caja cerrada, vos podés decir que el gato está vivo y/o muerto en el interior de la caja y cualquiera de esas aseveraciones es verdadera. Y el significado final es que dos afirmaciones contradictorias pueden ser verdad incluso al mismo tiempo, dependiendo de la circunstancia y el punto de vista. En este caso, la IA se ha convertido en una especie de nueva religión… ¿lo que significa que Dios ha muerto o que la gente dejó de creer en él?. ¿O la IA ha aparecido con el propósito de probar de que Dios es relevante?. ¿O viene a ocupar el lugar de Dios hasta que la religión se recomponga y la gente vuelva a depositar su Fe en ella?. El propósito de la IA no es controla el mundo sino satisfacer a la gente. ¿Acaso no es lo que hace la religión, confortarte cuando más lo precisás?. Pero era imposible embarcarse en una discusión seria sobre estos temas porque los más fervientes creyentes saldrían a protestar en masa, así que lo mejor es usar un tono de farsa a lo Douglas Adams.

La Señora Davis es una miniserie sin desperdicio. Imposible hablar de ella sin revelar algunas de sus partes. Lanza dardos a un espectro enorme de temas – la misoginia del Vaticano al prohibir que existan Papas mujeres, y restringiéndolas a un papel de mano de obra masiva para las tareas mas sacrificadas; la enorme fortuna de la Iglesia; el enviciamiento de las masas con Internet y Redes Sociales; la gente entrando en un estado de regresión mental ya que toda la información útil está en la web (y por lo cual ya no es útil estudiar o especializarse); la pérdida de influencia de la religión en la sociedad moderna; y quizás la ausencia de libre albedrío en una sociedad altamente tecnologizada -, y acierta en muchísimos de ellos, sólo que va tan rápido que no te das cuenta de lo que acaban de hacer. En todo caso es una miniserie que precisa ser vista dos o mas veces. No es que se trate de la gran obra maestra que te revele una verdad trascendental, pero dudo mucho que alguien – en una primera visión – pueda captar todos los temas (y toda la ironía) de lo que Hernández y Lindelof pretenden transmitir… y entender lo que ambos creativos dicen al respecto.

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