Crítica: Yojimbo (1961)

Volver al Indice – crítica de Cine Fantástico y de Culto / una crítica del film, por Alejandro Franco


4 atómicos: muy buenaRecomendación del EditorJapón, 1961: Toshiro Mifune (Kuwabatake Sanjuro), Tatsuya Nakadai (Unosuke), Isuzu Yamada (Orin), Daisuke Katō (Inokichi), Seizaburo Kawazu (Seibei), Kyū Sazanka(Ushitora), Takashi Shimura (Tokuemon), Eijirō Tōno (Gonji)

Director: Akira Kurosawa – Guión: Akira Kurosawa, Ryūzō Kikushima & Hideo Oguni

Trama: Japón, 1860. La edad feudal está llegando a su fin y muchos samurais han perdido a sus señores, convirtiéndose en mercenarios a sueldo que vagan por tierra nipona. Uno de ellos ha llegado a un pueblo desolado en donde dos pandillas rivales – una que controla el juego y la otra que controla el negocio de la seda – se disputan el control del lugar. Decidido a hacer su juego y a sacar provecho de la situación, el samurai comienza a coquetear con ambos bandos para que le paguen sumas desorbitantes por sus servicios, ya que su letalidad es legendaria. Y mientras que el samuraique se hace llamar Sanjuro, aunque ése no sea su verdadero nombre – se enriquece y provoca tumultos entre las pandillas que lo hacen reír, un día es afectado por el drama personal de un hombre que perdió a su esposa en el juego y que hoy se ha convertido en la esclava y amante de uno de los jefes del clan Ushitora. En contra de sus propias reglas Sanjuro decide intervenir, liberando a la mujer y camuflando la matanza de sus guardias como si hubiera sido un ataque del clan Seibei. Pero el engaño dura poco y Sanjuro es descubierto. Apresado y torturado, el espíritu de hierro del samurai no cede y crece su deseo de venganza… transformando al estafador en una inesperada fuerza justiciera que ha llegado a este pueblo perdido de Dios para liberarlo de sus malvados opresores.

Crítica: Yojimbo (1961)

“Los grandes artistas copian; los genios, roban”. Pablo Picasso

Comencemos con una frase que seguramente hará ruido: Yojimbo es un filme tarantinesco. No, no, no es que los samurais se visten con trajes negros, disparan latiguillos ingeniosos y tiene una banda sonora compuesta de oldies, pero es un pastiche plagado de influencias de otros géneros y obras, y tiene escenas violentas a raudales. Kurosawa tomó la base de dos novelas de Dashiell Hammett – Cosecha Roja, en donde un detective privado recibe la orden de librar a un pueblo de un grupo de pandillas que libra una batalla campal para obtener el control del mismo (y es una de mis novelas favoritas); y La Llave de Cristal, donde un mafioso decide cumplir una misión personal de su jefe (investigar un asesinato), descubre una conspiración, planta pruebas de todo tipo para que estalle una guerra entre pandillas y es torturado hasta quedar moribundo por uno de los gangs involucrados, lo cual es parte de su plan -, le agregó componentes del Western – pueblo pequeño; cantinero y funebrero que saben las comidillas del lugar; duelo al atardecer -, le sumó temas del Chambara (cine de samurais) y los mezcló en una licuadora hasta obtener Yojimbo. Es decir, es un filme hecho de influencias donde la combinación final da por resultado un producto original. Tarantino hizo lo mismo con Kill Bill, Pulp Fiction y prácticamente toda su filmografía (incluso con planos copiados cuadro por cuadro de otras películas); George Lucas tomó ideas de La Fortaleza Escondida (de Kurosawa, precisamente), Flash Gordon y el ensayo El Héroe de las Mil Caras de Joseph Campbell para hacer Star Wars (incluso se dice que Toshiro Mifune fue la primera opción de Lucas para hacer de Darth Vader). Y la lista sigue, eso sin considerar a la tonelada de clones que adaptaron ideas de Kurosawa (de éste y de otros filmes) para su redil (ambientadas en el Western o la Gran Depresión) como Por un Puñado de Dolares, Last Man Standing, Miller’s Crossing, Django, Los Siete Magníficos, Batalla Mas Allá de las Estrellas… y un largo etcétera.

Es interesante comparar Yojimbo con Por Un Puñado de Dolares. El filme de Leone es superior porque las facciones no son caricaturescas como en el original de Kurosawa – está el hermano bobo de uno de los jefes de las pandillas, cejijunto, gordo y con los dientes salidos; uno de los matones es un gigante de dos metros que sufre acromegalia y parece el hermano japonés del Jaws de James Bond; los personajes terciarios hacen carotas y payasadas; los pandilleros de uno y otro bando inspiran mas lástima que amenaza, a excepción de un puñado de personajes realmente oscuros (el matón de la pistola, la despiadada madama y esposa del jefe Seibei) que son descarnados y que, en el caso del pistolero (anacrónico para la época, pero representativo de la llegada de la influencia de Occidente a la cultura japonesa) son auténticos adversarios de altura para enfrentarse con el samurai que compone Toshiro Mifune -. Incluso en el filme de Leone la violencia es mas sangrienta y estremecedora en vez de los tajos ficticios de las katanas y de algún brazo de plástico amputado con alevosía por el ronin del título.

Uno puede ver como el resto del cast se deshace en el histrionismo mientras Toshiro Mifune se eleva sobre ellos con una clase maestra de actuación sutil y carisma. Es como un actor shakespeareano en una obra escolar. El tipo se burla, atrae la atención, expresa bravura y temor, odio y arrepentimiento con una facilidad pasmosa. Mientras que Mifune acapara la vista, por otra parte sus exploits para lograr que las pandillas entren en guerra y así poder ordeñarlos mejor – son casi infantiles (otro punto para la remake de Leone). Pero donde Yojimbo despierta es en su media hora final, en donde el samuraitramposo, estafador, que se metió en este juego en busca de fortuna y no por hacer un bien mayor – demuestra que tiene corazón. Cuando una de las geishas esclavas de Lady Seibei clama por su libertad – y su esposo y su hijo intentan abrazarla pero no los dejan, ya que el tipo la apostó en un juego contra los pandilleros y la perdió, quedando como propiedad de uno de los principales de la banda (Takashi Shimura… el profesor Yamane de Godzilla 1954!! y veterano de los filmes de Kurosawa) -, el samurai sin nombre se conmueve y se sale del plan. Oh si, porque Kuwabatake Sanjuro es un nombre inventado – de apellido, parque de moreras; de nombre, el que tiene mas de 30 años; una idea que Leone traduciría a “el hombre sin nombre” que encarnaría Clint Eastwood -, y porque este tipo, aun con toda su dureza y ambición, no puede ver a una familia desgarrada. He allí la redención del estafador, y he allí el origen de su perdición. A pesar de maquillar el escenario como un ataque de la banda rival, los prófugos – la geisha, el marido y su hijo – no pueden dejar de hablar alabanzas de Sanjuro con cualquiera que se topen en el camino, rumor que llegará hasta los oidos de Ushitora, quien lo apresará y torturará. Y es en esa situación crucial donde Sanjuro descubrirá dónde están sus aliados y cuál es la verdadera misión que debe cumplir en el pueblo y por la cual el destino lo puso allí.

Mientras que la fotografía en blanco y negro es impactante – en especial, en vísperas del duelo final -, lamentablemente el clímax es demasiado expeditivo para la sed de venganza del público – aunque prueba de sobra la extrema eficiencia de Sanjuro en el arte de la muerte -. No sólo libera al pueblo sino también libera a su alma, obrando del lado del bien y dejando el pueblo sin un céntimo de ganancia encima.

Yojimbo es un clásico y es un filme tremendamente influencial. A mi gusto yo le encuentro detalles porque me hubiera gustado ver a ambos bandos como un grupo de despiadados mucho mas sólido en vez de una banda de cobardes que solo hacen bravuconadas. Pero no por ello dejo de reconocer su estatura, en especial en su última media hora en donde Kurosawa pone la quinta y el filme despliega sus alas en gran forma.