Crítica: Watchmen: la serie (2019) (review con spoilers)

Volver al Indice – crítica de Cine Fantástico y de Culto / una crítica del film, por Alejandro Franco


4 atómicos: muy buenaRecomendación del EditorUSA, 2019: Regina King (Angela Abar / Sister Night), Tim Blake Nelson (Looking Glass), Don Johnson (Judd Crawford), Louis Gossett Jr (Will Reeves), James Wolk (senador Joe Keane), Jean Smart (Laurie Blake), Jeremy Irons (Adrian Veidt)

Creada por Damon Lindelof, basado en el comic de Dave Gibbons & Alan Moore

Trama: Un 2019 alternativo. Han pasado mas de treinta años desde que una criatura alienígena cayera sobre Nueva York y matara a tres millones de personas, uniendo a las beligerantes superpotencias atómicas en una causa común contra el agresor extraterrestre. Pero el suceso alteró el panorama político de la nación estadounidense, ya sea con Robert Redford derrotando a Nixon en la carrera presidencial – y devenido presidente de la nación desde hace tres décadas -, y la apurada salida de la óptica pública de Adrian Veidt, vendiendo sus empresas de apuro y simulando su muerte para llevar una vida clandestina en un remoto rincón del planeta. Ahora la historia se centra en la ciudad de Tulsa, Oklahoma, un lugar cuyo pasado tiene sangrientas raíces en el mas acérrimo racismo. Un grupo de terroristas – conocido como la Séptima Caballería, y que utilizan mascaras de Rorschach para ocultar su identidad – ha estado diezmando a la policía y a la gente de color, razón por la cual las fuerzas del orden han obtenido autorización para cambiar de domicilio e identidad, y refugiarse bajo anónimas mascaras amarillas. El recio jefe de la policía local, Judd Crawford, encabeza la ofensiva contra los anarquistas y su mano derecha es la Hermana Noche una ex detective llamada Angela Abar, que utiliza un disfraz y violentos métodos de interrogación para combatir a los criminales -, la cual opera en la clandestinidad con la venia de Crawford. Pero Crawford ha sido raptado y asesinado, y la única pista de Abar parece ser un anciano moreno postrado en silla de ruedas, el cual fue hallado en la escena del crimen. Y mientras Abar dilucida las pistas, una veterana Laurie Blake – ex Silk Spectre, devenida en agente del FBI dedicada a cazar vigilantes ilegales – ha llegado a Tulsa con la firme intención de esclarecer el crimen de Crawford. Pero la Séptima Caballería tiene propósitos mucho mas oscuros y secretos que simplemente cometer crímenes raciales… y ha lanzado una conspiración tan vasta que puede cambiar el futuro mismo de toda la humanidad, a menos que Abar, Blake y sus aliados puedan detener el plan antes de que sea demasiado tarde.

Crítica: Watchmen: la serie (2019)

(Esta es la crítica final de Watchmen, la serie (¿única temporada?) y desborda de spoilers; sólo le recomiendo que, si es fan del comic original (o del film de Zack Snyder), vea sin falta la repetición de la miniserie o salga corriendo a comprar la versión digital. Tiene sus problemas, pero no deja de ser tan fascinante como imperdible).

La mejor manera de definir a Watchmen, la serie es: bolsa de gatos plagada de capas muy interesantes. Hay momentos en que sigue al pie de la letra el estilo del comic de Alan Moore, hay otros en donde ensaya sus ritmos y narraciones con gran altura… y hay otros en donde patina, errando en el tono o cerrando de apuro las tramas. Aunque sea un No Fan declarado de Damon Lindelof, debo reconocer que acá se ha lucido, y ha generado un espectáculo fascinante, absorbente, con un 80% de momentos geniales… hasta que se comienza a desgranar de a poco a partir del capítulo 7. Claro, Lindelof viene de la escuela de J.J. Abrams, los reyes del golpe de efecto… sólo que no siempre tienen los avales necesarios para respaldar semejantes resoluciones sorpresivas. Algo de eso ocurre sobre el final de la serie, que termina siendo meramente adecuado después de haber generado unas expectativas enormes y haberse despachado con unas espectaculares vueltas de tuerca.

Para entender la serie de Lindelof hay que entender primero a la historieta. Watchmen es una de las obras seminales del mundo del comic, una criatura literaria que llevó al género de la historieta a la adultez, experimentó con temas y estilos nunca antes vistos, y que se caracterizó por el oscuro perfil sicológico de villanos y héroes, separándolos de cuajo de la sanata políticamente correcta de tiras como Superman, Batman y otros superhéroes – curiosamente el segundo terremoto en el mundo del comic ocurriría ese mismo 1986 con la aparición de The Dark Knight Returns, tira que le daría un lavado de cara definitivo a Batman y que comparte puntos en común con Watchmen -. Tanto en la tira de Moore como en la de Frank Miller los héroes son ultraviolentos; los villanos son sangrientos; la muerte es moneda común entre ambos bandos; y sus historias están encastradas en una versión alternativa de la realidad de los años 80, cuando los chicaneos políticos entre USA y la URSS amenazaban con llevar al mundo al holocausto nuclear. Y mientras que The Dark Knight Returns es una historia de esperanza, escrita al ras de la tierra – Batman comienza una movida con un grupo de fans para purificar una sociedad decadente y evitar el fin de la civilización -, Watchmen es un relato de alto vuelo sobre grandes temas – el fin del mundo, la pérdida de la humanidad, la misantropía de los superhéroes, el sacrificio necesario para cancelar el apocalipsis – en donde el Lex Luthor de turno terminaba triunfando porque el pragmatismo primaba sobre la lógica y el sentido mas básico de la justicia. Si negociar no sirve, entonces sí sirve asustar y qué mejor que crear una masacre acotada – la falsas explosiones del Doctor Manhattan en el filme de Zack Snyder; el gigantesco calamar alienígena, creado artificialmente por Adrian Veidt, teletransportado a Nueva York y desatando una explosión síquica que aniquilaría a tres millones y medio de personas en el comic original – para que la gente se espante y se una. Es un relato pleno de injusticias donde el héroe muere, sus compañeros se transforman en cómplices del villano y el hombre – dios (que podía cambiar el giro de las cosas) decide, con una lógica y frialdad inescrutable, de que se trata de la solución mas razonable en el actual contexto, dejando libre (y vivo) al villano. Oh, sí, nunca antes se había visto algo así en el mundo del comic.

Pero si Watchmen trataba sobre grandes temas – el destino del mundo, la suerte de la humanidad -, Watchmen la serie decide enfocarse en un tema mas acotado y, si se quiere menor (aunque no por eso menos doloroso o importante) que es la discriminación racial en Estados Unidos. Si Moore criticaba la locura armamentista de Reagan en los ochenta, Lindelof decide apuntar los dardos hacia la conducta claramente racista del gobierno de Donald Trump, el cual es un objetivo mucho mas modesto. No es lo que uno en principio esperaba – uno quería saber qué pasó con Veidt, el Doctor Manhattan, Búho Nocturno (omitido olímpicamente en la serie), el diario de Rorschach y el posible escándalo de sus revelaciones sobre la conspiración de Veidt -, pero uno decide darle carta blanca a Lindelof, especialmente porque se mete con una masacre de la comunidad negra ocurrida en la vida real a principios del siglo XX, un tema con el cual no podés joder de ninguna manera (perdón el francés). Vale decir, debe haber un desarrollo racional y profundamente dramático que le haga justicia a un hecho tan infame para no usarlo como vil excusa para una aventura de tipos en mallitas.

Como todas las cosas de Lindelof, la trama empieza a dar vueltas y soltar un galimatías tras otro. Policía enmascarada, agentes de la ley actuando como vigilantes encubiertos y con personalidades novelescas, un jefe de policía asesinado, un viejo que clama a los gritos ser el responsable. Y en el medio un grupo terrorista con máscaras de Rorschach, el cual parece un insulto a la memoria del amoral (pero admirable) héroe de la tira original. Claro, es todo una manipulación de los terroristas, herederos de sangre del Ku Klux Klan y residentes en Tulsa en donde se cometió aquella horrible masacre. Rorschach era, ante todo, un símbolo antisistema pero, bien manipulado, puede representar el odio puro contra el vago y el diferente y, por ende, la máscara del racismo. Hay que racionalizarlo, es cierto, pero puede ser aceptable.

Lo que siguen son caminos que confluyen. Veidt desterrado quién sabe donde y haciendo experimentos atroces con un ejército de clones. La Hermana Noche – de día una dulce maestra casada con un tipo adorable y con tres chicos adoptados, de noche una despiadada vigilante que sigue a los terroristas por cielo y tierra para vengar la muerte de su adorado jefe – pateando traseros y obteniendo pistas. Un anciano que resulta ser el abuelo de la protagonista y que tiene un pasado como vigilante callejero – en lo que debe ser el mejor capítulo de la serie, copiando el estilo del filme de Snyder con elementos de diferentes épocas encastrados en la misma escena, a veces a color o siempre en blanco y negro, empalmando al personaje de Louis Gossett Jr con Justicia Encapuchada, un personaje menor de la Watchmen original pero que defendía a Silk Spectre cuando era abusada por el Comediante -. Una ex heroína renegada de sus orígenes y devenida en cínica cazadora de vigilantes (una brillante Jean Smart). Y una organización billonaria liderada por Lady Trieu, un personaje brillante que construye un adefesio enorme – el reloj del milenio – y que posee secretos a montones. Los misterios se acumulan y con el paso de los capítulos se empiezan a resolver, pero…

Si hay algo que fascina – sobre todo al fan a ultranza del comic – es cómo Lindelof recicla estilos y temas. Jean Smart utiliza una cabina telefónica interespacial para mandarle un mensaje al Doctor Manhattan en Marte – como si fuera un confesionario con línea directa con Dios – y habla con el mismo tono y las mismas expresiones que Rorschach (¿se acuerdan cuando contaba un chiste sobre un tipo que estaba muy triste?). Veidt, en su aburrimiento infernal en el exilio, reconstruye teatralmente el accidente que convirtió a Jon Osterman en el Doctor Manhattan. La historia de Manhattan, aburrido como creador de vida en una luna de Júpiter – que empalma con la despedida de Laurie Jupiter al final del comic -. La visión de Manhattan arrasando Vietnam. Pero allí es donde Lindelof le empieza a sumar cosas de su pecunio: Robert Redford presidente desde hace décadas; Vietnam convertida en Estado Norteamericano; la nueva ley Keene que permite a los policías encapucharse para mantener su identidad a salvo de los terroristas. Mientras que la Watchmen original era relativamente mas lineal – era el relato de un detective privado con ocasionales flashbacks -, acá casi todo es flashback: la historia debe establecer, en cada capítulo, la historia de origen de cada personaje importante del relato. Así entendemos como Gossett Jr se convirtió en Justicia Encapuchada y en el primer superhéroe, como Looking Glass se fabricó una máscara espejada – en uno de los capítulos mas fascinantes de la serie, ya que sigue de cerca la caída del calamar alienígena de Veidt en Nueva York y la explosión síquica que enloqueció y mató a millones de personas -… y cómo Angela Abar terminó en Vietnam y conoció a su marido.

Ciertamente hay cosas que no cuajan; en el capítulo dedicado a Justicia Encapuchada resulta ridículo el abrupto cambio que sufre el personaje, el cual termina encamándose con el capitán Metrópolis sin el menor indicio previo – se precisa mucha valentía para mezclar homosexualidad y racismo en un mismo capítulo -. Pero es también un capítulo necesario, ya que sabemos la motivaciones del personaje, el odio posterior hacia el jefe de policía (Don Johnson, veterano y cada vez mejor actor), y el plan de los racistas, comenzando con el dispositivo para hipnotizar gente de color y hacer que se ataquen entre sí. Pero hay saltos temporales – Louis Gossett Jr se volvió gay y se fue a vivir con el capitán Metrópolis? – y cosas que suenan a melodrama, como la mala suerte de Abar cuando era niña, perdiendo a sus padres en un atentado de la resistencia vietnamita y luego a su abuela de un ataque al corazón justo cuando la iba a sacar del orfanato.

Si hasta entonces Watchmen, la serie era fascinante y llena de momentos inspirados que superaban sus defectos, donde la cosa cambia es con el capítulo 7. Es un vuelco tan efectista como inverosímil – al espectador le han sacado la alfombra de los pies -, tal como el “yo soy tu padre” de El Imperio Contraataca. Es posible que Lindelof lo haya planeado mejor que Lucas – que fue una ocurrencia a último momento, propia de culebrón – pero revelar que Cal Abar es en realidad el Doctor Manhattan… es un disparate total. Es como la ocurrencia de los Rorschach terroristas. Si hay algo que quedó claro al final del comic (y del filme de Snyder) es que Manhattan había perdido todo rastro de humanidad, un individuo tan por encima de todo que era incapaz de amar, odiar… ¿Qué puede precisar el hombre que lo tiene todo?. ¿Qué puede sorprender al hombre que es capaz de ver el pasado y el futuro de manera simultánea?. Si Manhattan abandonaba a Silk Spectre al final de la historia, ¿por qué rayos querría volver a la Tierra?. ¿Qué tiene de especial Angela que no haya tenido Silk Spectre, incluyendo los sacrificios que hizo por el hombre de azul?. Si bien puedo admirar la sanata que crea Lindelof para justificar el cambio de actitud del personaje – creó un mundo con clones que lo adoraban, pero se aburrió de ser Dios y decidió regresar a sus orígenes -, tampoco es creíble como puede elegir, de millones de personas en el mundo, a Angela. Para Lindelof es una cuestión de predestinación – Manhattan entra a un bar sabiendo que se enamorará de Angela, que será reciproco, que tendrá años de felicidad gracias a la amnesia y anulación de poderes inducidos por un dispositivo creado por Veidt… y que mas tarde morirá (acaso una alegoría cristiana, de Jesús precognitivo sabiendo que iba a ser sacrificado?) -, pero para mi es un error de coherencia con el personaje. ¿Cómo un individuo espiritualmente muerto va a volver a amar, aun cuando supriman su identidad y recuerdos? ¿Acaso no se transforma automáticamente en otro individuo?. Pero si el cambio del personaje es antagónico con su naturaleza, lo peor es la perfomance de Yahya Abdul-Mateen II. Yahya es muy bueno como Cal Abar, el dulce esposo de Angela y cariñoso padre de familia (realmente es un tipo muy simpático). Tampoco tengo problemas con la idea de un Doctor Manhattan negro. Pero la perfomance, cuando vuelve a su estado azul, está totalmente equivocada. Es tan persistente el recuerdo de Billy Crudup – un autómata monocorde, exudando intelectualidad pura, mínimamente expresivo – que Yahya se ve como un niño asustado en el rol, pestañeando demasiado para lo que debería ser un ente sin alma. La voz está mal, los ademanes están mal, y aún cuando hay un cambio de cuerpo, nunca te da la sensación de que estás frente al auténtico Doctor Manhattan.

Lo que sigue es una serie de trucos narrativos y de edición que resultan admirables pero no justifican la triquiñuela. La presencia simultanea de Manhattan / Yahya en el pasado / presente / futuro, la charla entre Angela y su abuelo (que por un terrible error dispara la venganza contra su ex jefe por dar un dato equivocado en el pasado), los saltos en la narrativa… y la profecía del enamoramiento de Manhattan al saber que en determinado momento Angela – una mortal bien entrenada pero sin superpoderes – va a querer salvar al Dios aunque su destino es imposible de cambiar. Sigue sin convencerme, del mismo modo que Lindelof empieza a castrar a algunos personajes – Laurie Blake, con toda su viveza, es atrapada de manera boba y evidente; Looking Glass desaparece y no tenemos la mas mínima idea de su paradero; o Manhattan, destruyendo a cualquiera con una facilidad pasmosa pero parándose delante del cañón que lo derrotará, amén de que los terroristas cuentan con una tecnología que un genio como Veidt no pudo crear en su momento para derrotar al hombre azul -. El final está ok, te quedan dudas (deberá haber un mayor desarrollo de Lady Trieu y, especialmente de su madre, de por qué se inseminó con el esperma de Veidt o cómo se salvó cuando Veidt envenenó y mató a todos los miembros de su instalación antártica cuando iba a lanzar el calamar alienígena), y la resolución es algo traída de los pelos pero, hasta ese momento, Watchmen la serie era 80% brillante y 20% sanata ultra traída de los pelos.

Aún con todo, debo reconocer que me fascinó – quizás el propósito de Lindelof fue, mas que crear una secuela o una historia, crear un caldo de cultivo para interminables discusiones de café e infinidad de interpretaciones sobre su relato -. Watchmen la serie es menos el trabajo de un artista que el de un mago, que engaña y prepara el truco ante tus ojos sin que te des cuenta. No tiene la mayor solidez como historia pero sí tiene la capacidad del enigma, de captar y absorber tu atención; y sumado a una trama pasable y un excelente fan service, me parece una secuela mas que respetable aunque haya cosas al final (como el ridículo arresto de Veidt por sus crímenes en 1985) que parecen cierres forzados sobre la hora.

WATCHMEN

Watchmen (2009) es la adaptación del comic de culto de Alan Moore dirigida por Zack Snyder. Cuentos de la Fragata Negra (2009) es un dibujo animado basado en el comic alegórico incluido como parte de la historieta; Bajo la Capucha (2009) es un documental apócrifo que retrata el surgimiento de los superhéroes en el universo de los Watchmen. Watchmen, la serie (2019) es una miniserie secuela del comic original, escrita por Damon Lindelof.