Crítica: La Ventana Indiscreta (1954)

Volver al indice de críticas por género / una crítica del film, por Alejandro Franco


Recomendación del EditorUSA, 1954: James Stewart (L.B. ‘Jeff’ Jefferies), Grace Kelly (Lisa Carol Fremont), Wendell Corey (detective Thomas J. Doyle), Thelma Ritter (Stella), Raymond Burr (Lars Thorwald)

Director: Alfred Hitchcock – Guión: John Michael Hayes, basado en el cuento de Cornell Woolrich 

Trama: Jeff Jefferies es un paciente insufrible. Fotógrafo de campo para las mejores revistas, en su accionar ha sufrido un accidente y ahora debe reposar varias semanas con la pierna enyesada hasta que el hueso roto sane. Jefferies está molesto… y es molesto; es el calor, el aburrimiento, el no saber qué hacer con su vida. Con un hastío monumental Jefferies se dedica a espiar los vecinos del enorme patio trasero al cual su departamento tiene vista; pero, en ese enorme cotilleo diario de chusmerío barato y melodrama de novela se ha topado con algo… algo que no sabe cómo descifrar. Solo sabe que uno de los vecinos de enfrente – que peleaba con su esposa noche y día – ha comenzado a salir a altísimas horas de la noche, enfundado en traje y portando una enorme maleta. Y, lo que es peor, al día siguiente el departamento está en silencio y no hay rastros de la mujer. Comentándole el hecho a su novia Lisa y su masajista Stella, las mujeres concluyen que Jefferies está paranoide por el calor y el aburrimiento, imaginando cosas que no han ocurrido. ¿O acaso no es así y Jefferies es el único testigo de un asesinato del cual nadie tiene noticia alguna?.

Crítica: La Ventana Indiscreta (1954)

Uno puede darse cuenta de lo sobresaliente que es la obra de Hitchcock cuando uno sigue hablando de una película suya a 70 años de su estreno. Hitchcock no es Eisenstein, Bergman o Tarkovski, un cineasta intelectual que crea dilemas dramáticos y enfoques crípticos, razón por la cual es estudiado con fruición en círculos académicos; pero la causa de su vigencia eterna pasa por otros motivos. Es un director de cine popular que hace maravillas en utilizar (a su manera, propia, absolutamente original y distintiva) las reglas del cine mainstream (el único otro ejemplo que se me ocurre es Spielberg, además por consistencia de calidad y originalidad en su larga filmografía). Es cine comercial con categoría de obra maestra. Es un tipo fácil de entender y mas de admirar; no es simplemente un tipo truculento – como ocurre con muchas obras del inicio de su carrera de su fiel seguidor Brian De Palma, que aceptaba cualquier cosa por mediocre que fuera con tal de imitar las recetas narrativas y visuales del maestro -, sino un cineasta hecho y derecho, un tipo que depura sus libretos de toda estupidez posible, apunta al detalle y el realismo, al manejo de los actores y se da maña para crear situaciones apasionantes en contextos coherentes (sus seguidores, en cambio, trocaron sutileza por efectismo como la incontable cantidad de Giallos surgidos en los 60s fruto de imitadores italianos). Bah, en realidad siempre fue el huevo antes que la gallina ya que Hitch buscaba su propio material y no aceptaba ningún libreto si en el mismo no podía intercalar alguna secuencia suprema de ingeniería cinematográfica para lograr el suspenso perfecto.

Pero la mayor virtud de Hitchcock es también su mayor defecto, simplemente porque el público quiere saltarse los entremeses y pasar directamente a la magia. La primera media hora de La Ventana Indiscreta es plomiza, con una parafernalia verbal basada en banalidades y con la contra que el personaje de James Stewart es bastante misógino y detestable. El tipo es un fotógrafo de campo, de esos que van a las guerras y los desastres, y que desprecia al personaje de Grace Kelly sólo porque es una chica bien rodeada de lujos que desconoce el lado duro de la vida (y del mundo). Con ese criterio nunca debería haberse acercado a la rubia, es alguien que solo podría empardarse con alguien similar como otra fotógrafa de campo (me hace acordar a esa comedia tibia Whiskey Tango Foxtrot que trataba sobre la sufrida vida diaria de los corresponsales de guerra y te daba los pormenores de gente adicta a la adrenalina, sumida en la mugre y la sangre durante semanas enteras, olvidados por completo de lo que era la civilización y creando su mundo con reglas propias en tiendas de campaña). A eso se suma el tiroteo con la parlanchina masajista que, al menos, es condimentado por las salidas desenfadadas de Thelma Ritter que muestran lo arcaico de la mentalidad de James Stewart.

Pero es en medio de esa banalidad que comienzan las señales que enganchan al espectador. El escenario es único – un fotógrafo lisiado, un patio trasero que, aunque es enorme, tiene algo de claustrofóbico: apenas se ve el cielo, todo es ladrillo y ventanas plagadas de gente histérica – pero es en ese contexto limitado y en la repetición de las rutinas diarias donde uno concentra la atención, especialmente cuando uno de los engranajes de esa maquinaria no funciona como debiera. Por supuesto, es Hitchcock invitándonos a ser voyeurs, diciéndonos que el ocio y la contemplación por las miserias ajenas pronto se transforman en una actividad mas adictiva que estar viendo televisión – Stewart pasa día y noche anclado en su silla de ruedas frente a su ventanal trasero, absorto, sin ver TV o sin siquiera poner radio o música; lo suyo pasa por la obsesión y el chusmerío compulsivo -; y, en semejante estado de concentración insana (es casi el mismo estado contemplativo y calculador de un jugador de ajedrez, atendiendo a los movimientos mas mínimos durante horas y horas, elaborando teorías sobre el accionar y futuro de cada personaje… un estado que contagia al espectador desde su puesta en marcha) es cuando surge el caos. Hay algo fuera de lugar – una serie de salidas a deshora, un grito desgarrador, actitudes sospechosas – que ha roto la armonía del mecanismo. Y es el estado absorto de Stewart sobre las vidas ajenas el que ha sido capaz de dar con la punta de dicho ovillo, aunque uno no esté seguro de si realmente se tratan de sospechas infundadas y teorías paranoides, o de algo mucho mas real y siniestro.

Si La Ventana Indiscreta es uno de los mejores trabajos de Hitchcock lo es porque es Hitch en situación controlada de laboratorio. Todos los elementos del escenario único están bajo su poder. La escalada de hechos es sutil, lenta y plagada de elementos de relleno cosa de que, cuando ocurren los actos sospechosos de Raymond Burr, suceden de manera casual. Pero Hitch no sería el maestro que es si no metiera humor en una situación tan tensa, especialmente cuando Grace Kelly y Thelma Ritter se plegan a la cruzada de Stewart con un entusiasmo juvenil e inconsciente, deseosas de participar en la aventura y resolver el misterio sin caer en la cuenta de que están lidiando con un posible asesino. La excavación del jardín de Burr y, sobre todo, la incursión demencial de la Kelly en su departamento (¿quién, en su sano juicio, haría allanamiento de morada de la casa un desconocido que, para colmo, uno sospecha que cortó en trocitos a su esposa?) son gloriosos momentos de alto suspense y formidable maestría de la puesta en escena donde Hitchcock (y el espectador) se relamen con gusto. Quizás el final no tenga tanta fuerza como los actos previos, pero es un mas que digno final de viaje.

Si hay cosas que no me gustan de La Ventana Indiscreta son el machismo necio de Stewart, la música altamente intrusiva – puede que sea un error de la banda de sonido del doblaje porque parece esas películas de Hallmark donde suenan pianitos melosos y campanitas todo el tiempo, pisando a veces los diálogos; y eso que se trata de música incidental, no una autentica banda sonora sino las canciones que toca o practica el vecino musico que tiene Stewart en el loft de al lado – y la primera media hora que me suena muy banal. Por contra la perfomance de Stewart está plagada de microgestos geniales, la Kelly brilla de manera descomunal en cada escena (por carisma, por belleza, por frescura), la Ritter es lo mejor del filme por sus salidas… y Raymond Burr es un asesino blue collar que te da hasta cierta lástima (el tipo apenas tiene 100 dólares para intentar sobornar a Stewart; te da la impresión de que es un tipo que debe pensar varias veces los pasos que debe dar para recordarlos y poder terminar su apresurada e impulsiva conspiración; si el tipo se sacó a su mujer de encima no fue por dinero u otra ganancia personal sino por un poco de paz, por sacarse una carga de encima). Pros y contras (menores, contadas) de una obra maestra que solo Hitch pudo concebir y que ningún director de cine posterior pudo acercársele sin ese grado exquisito de equilibrio entre lo lo coherente, lo cómico y lo macabro.

ALFRED HITCHCOCK

Filmes de Alfred Hitchcock que hemos comentado en este portal: La Ventana Indiscreta (1954) –  Intriga Internacional (1959) – Psicosis (1960) – Los Pajaros (1963) – Topaz (1969) – Frenesí (1972). A su vez de Los Pájaros se hizo una horrenda secuela para cable, Los Pajaros II: El Fin del Mundo (1994). Psicosis (1998) es una remake realizada por Gus Van Sant. Bates Motel (2013 -) es una miniserie que narra los años de juventud de Norman Bates y su madre. Hitchcock (2012) y La Chica (2012) son dos filmes biográficos que documentan respectivamente los rodajes de Psicosis, Los Pájaros y Marnie.