Crítica: Valerian y la Ciudad de los mil Planetas (2017)

Volver al Indice – crítica de Cine Fantástico y de Culto / una crítica del film, por Alejandro Franco


4 atómicos: muy buenaRecomendación del EditorFrancia / China / Alemania / Bélgica / Estados Arabes Unidos, 2017: Dane DeHaan (Mayor Valerian), Cara Delevingne (Sargento Laureline), Clive Owen (Comandante Arun Filitt), Rihanna (Bubble), Sam Spruell (General Okto-Bar), Sasha Luss (Princesa Lino-Minaa)

Director: Luc Besson – Guión: Luc Besson, basado en la novela gráfica Valérian and Laureline de Pierre Christin & Jean-Claude Mazieres,

Trama: En el siglo 28 la humanidad ha logrado la comunión con todas las razas del universo. Por ello, sobre los cimientos de la Estación Espacial Internacional se han ido acoplando miles de naves, cada una representando a una nación alienígena, y formando lo que se le conoce como la Estación Alfa, “la Ciudad de los Mil Planetas”. Los humanos están a cargo de la seguridad, y el mayor Valerian es uno de los agentes mas destacados. Viviendo una relación de amor / odio con su compañera de misión, la sargento Laureline, ahora se ven obligados a recuperar un extraño animal conocido como el Convertidor, el cual es capaz de reproducir lo que come. Pero tras el Convertidor hay facciones de todo tipo desesperadas por capturarlo, ya que es el único de su especie y puede volver rico y poderoso a quien lo detente. Lo que no saben Valerian y Laureline es que una extraña raza que emite energía – conocido como los Perlas – también está en la búsqueda del animal pero con propósitos completamente distintos. Y después de una refriega con los Perlas – cuya supremacía tecnológica es abrumadora -, el animal es capturado y llevado a un punto secreto dentro de Alfa. Lo que Valerian y Laureline terminarán por descubrir en el camino – en el intento de recuperar al Convertidor – es que los altos mandos han montado una vasta conspiración para ocultar la existencia de los Perlas… y ahora deberán descubrir el por qué antes que se desate una guerra en el interior de Alfa, una tan poderosa que podría poner en riesgo la integridad de la gigantesca estación espacial.

Crítica: Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas (2017)

¿Cómo diantres el público dejó escapar a una película como ésta?. Si bien es cierto que Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas es un filme indulgente, recargado y con un flojo par de protagonistas, es también un compendio de enorme creatividad – y no solo en lo visual, como todos los críticos yanquis escupen porque, claro, es una superproducción de ciencia ficción rebosante de ideas hecha por un francés, ¡qué afrenta nacional!  – sino también en lo argumental. Acá hay mas imaginación que en 10 películas juntas de Avatar, sea con la ciudad cósmica cosmopolita, los héroes viviendo aventuras en dimensiones paralelas (en todas al mismo tiempo!), una raza pacífica hecha de energía pura y en plena armonía con la naturaleza, cientos de razas alienígenas completamente originales y unos cuantos momentos de diálogo inspirado. Besson se merecía un blockbuster en vez de la tibia recepción que obtuvo, el cual puso en aprietos a su estudio EuropaCorp y posiblemente haya comprometido su carrera.

No soy un fan a muerte de Luc Besson. Hace buenas películas de acción pero, en el área de la ciencia ficción, directamente no lo tomo en serio. Para mí es inexplicable el fenómeno que fué El Quinto Elemento, película ridícula si las hay – plagada de buenas ideas pero arruinada por su tono cómico -. Acá en cambio tenía un filme mucho mas sólido y no hizo la marca. ¿Qué pasó?. El Destino pasó. Le pasó como una aplanadora a Besson. Hizo un arreglo con un distribuidor yanqui, la misma se fue a pique, arregló con otra a último momento, le hicieron poca campaña y encima la metieron en la misma fecha que se estrenaban tanques como Spiderman: De Regreso a Casa, Dunkirk y Planeta de los Simios: la Guerra. Hizo míseros 40 y pico de millones de dólares en el box office cuando hubiera hecho mucho mas si le ponían una fecha un mes mas tarde. Y, como siempre, los críticos yanquis salieron a lapidarla sin asco, cosa que siempre hacen cuando sienten el olor de fracaso en la taquilla.

Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas se basa en el comic francés Valérian and Laureline, el que se publicó por series desde 1967 hasta el 2013. La creatividad del comic – que hoy sería considerado una novela gráfica – influenciaría a una tonelada de tipos, desde Alejandro Jodorowski y su fallido proyecto de Dune hasta el Star Wars de George Lucas – hasta el mismo co autor de la tira, Jean-Claude Mézières, saldría furioso del cine en 1977 viendo cómo le habían robado ideas y estética de su tira en el filme de Lucas, llegando incluso a dibujar (como protesta) una escena en la cantina espacial donde Valerian y Laureline se encontraban con Luke y Leia rodeados de todas las razas alienígenas que Mézières había imaginado y que, oh casualidad, eran idénticas a las de Star Wars -. Y para Besson, era un proyecto adeudado desde su juventud – de hecho, si no hubiera tenido problemas con la adaptación del comic, Besson hubiera rodado las aventuras de Valerian en vez de El Quinto Elemento en 1997 -. Consiguiendo 200 palos verdes financiados por fuentes independientes – o sea, nada de co producción con ningún gran estudio que pudiera interferir con su visión – se despachó con esta space opera que planchó en todos lados menos en China, donde al menos hizo 67 millones de dolares.

Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas es un filme que merece ser experimentado. Posee una parafernalia visual de aquellas ya sea por los efectos especiales, los viajes dimensionales o el enorme catalogo de razas alienígenas (Besson ya había probado ser muy imaginativo con esta área en El Quinto Elemento) dotadas de sus propias características e idiosincracias. También posee una historia apasionante pero estirada por la indulgencia de Besson que insiste en poner pequeñas aventuras en el medio – el secuestro de Laureline por la raza de los Boulan Bathors está de más, aunque sea hilarante por las reacciones estúpidas de los bichos y por la formidable aparición de Rhianna como una alien cambiaformas, en una secuencia de dos minutos que es deslumbrante y que muestra todas las variantes / razas / estilos en que el personaje de Rhianna se puede transformar; pero, claro, ella es una estrella y Besson le da mas letra de lo previsto, lo que termina aguando la formidable impresión inicial – como si fuera un serial a lo Flash Gordon. Pero el libreto precisaba estar a dieta y estar mas enfocado en la cuestión de fondo, la cual es una alegoría Cameroniana a full – raza primitiva y ecoamigable es arrasada por una decisión humana, y sus supervivientes no sólo deciden perdonar a sus aniquiladores sino también recuperar los restos de su cultura para reconstruir su civilización en otro planeta; la visión militarista a full, que va desde el Comandante que hace Clive Owen hasta el mismo Valerian; la rebelión del soldado contra su superior, guiado por la justicia y en contra de la ciega obediencia debida -, lástima que Besson no es Cameron. Cameron podrá ser un tipo que saca ideas de todos lados y las pasa como propias, pero es un estupendo desarrollador de personajes y situaciones dramáticas que hacen que el público se enganche con sus historias y le encuentre subtextos. Acá Besson tiene un par de momentos inspirados en ese sentido – el gran speech de Cara Delevingne en defensa de la raza Perla y ponderando al amor como fuerza cósmica que impulsa realmente los sucesos de la historia y es capaz de cambiar el destino -, pero no es el director adecuado para esto. Lo restringe a una aventura pulp cuando las ideas de fondo abundan… y precisaba a un James Cameron para quitar toda la grasa y concentrarse en lo necesario – en lo humano, en lo místico y en lo cósmico que subyace en la aventura – para expandirlo.

Dane DeHaan y Cara Delevingne están ok y tienen su química, pero esto precisaba actores con mas chispa y mas musculatura. Si bien DeHaan y Delevingne se parecen a los personajes del comic, también parecen unos pendex sin presencia física dominante, algo que uno espera de un héroe – aunque Delevingne está mejor actriz y tiene su cuota de parlamentos hilarantes -. Esto precisaba un par de treintañeros mas heroicos y carismáticos, y una dupla ideal – salvando las distancias del tiempo, hubiera puesto a un Keanu Reeves y a una Margot Robbie – la cual se hubiera relamido con los parlamentos que Delevingne espeta con lo justo para ser potable. Total, Besson le metió un montón de cambios al comic – no explica que ellos son también viajeros del tiempo ni que la Laureline original era una aldeana del siglo X que Valerian reclutó como compañera de aventura -, que hacerlos mas veteranos no hubiera sido un sacrilegio y le hubiera dado la posibilidad de contratar actores mas expertos.

A mí me gustó mucho Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas, aun con sus pifias. Hay muchisimas cosas originales acá, es una lástima que esto no se haya convertido en una franquicia. Espectacular, ambiciosa e indulgente, es desbordante en todo sentido… y es cine del bueno porque rebosa de ideas aunque después no sepa muy bien cómo cocinarlas como corresponde.