Crítica: The Rhythm Section (El Ritmo de la Venganza) (2020)

Volver al indice de críticas por género / una crítica del film, por Alejandro Franco


2 atómicos: regularGB /USA / España, 2020: Blake Lively (Stephanie Patrick), Jude Law (Iain Boyd), Sterling K. Brown (Mark Serra), Tawfeek Barhom (Reza Mohammed)

Director: Reed Morano – Guión: Mark Bunnell, basado en su propio libro

Trama: La familia de Stephanie Patrick ha muerto en un accidente de aviación. Sumida en la mas profunda de las depresiones, Stephanie se ha entregado a las drogas y ha debido prostituirse para poder pagar sus vicios. Pero un día se topa con un reportero, el que le dice que el avión en que viajaba su familia en realidad explotó debido a una bomba colocada por un terrorista. Con el periodista asesinado por individuos desconocidos, Stephanie rastrea su fuente de información hasta Escocia, un ex agente del Mi6 llamado Iain Boyd. Boyd conoce las pistas pero no la identidad real de los contactos y, tras mucha insistencia, accede a darle un entrenamiento básico a Stephanie para que sepa luchar y manejar un arma. Pero Stephanie es un desastre – las drogas y los golpes han hecho mella en su cuerpo – y, aunque posee un espíritu indomable, es mas lo que falla que lo que acierta. Enviándola a una misión suicida, Boyd está convencido que hay una chance en un millón que Stephanie triunfe en su cruzada. Y es que Stephanie es tan solo una “talentosa amateur” en el letal mundo de los doble agentes, sicarios y terroristas, profesionales de la violencia y el horror que dominan el mundo del espionaje internacional.

Crítica: The Rhythm Section (El Ritmo de la Venganza) (2020)

Lo único que termina de probar The Rhythm Section es que a los productores de James Bond… solo le sale bien producir películas de James Bond. Producida por Michael G. Wilson y Barbara Broccoli, The Rhythm Section está basada en una serie de novelas sobre el personaje de Stephanie Patrick – una víctima de un ataque terrorista, convertida en sicaria aficionada -, con lo cual hay tufillo a futuro franquicia. El drama con esto es que el primer capítulo de la supuesta saga es de una incompetencia feroz, y no porque la idea en sí sea demasiado mala. Hay varias películas – como American Assasin – que tratan de victimas en búsqueda de venganza y convertidas en instrumentos letales de acción gracias a un entrenamiento previo por parte de algún servicio de inteligencia que los ve como asesinos descartables, idiotas útiles para sus mas rebuscadas causas. El problema con The Rhythm Section es que no es excitante, empática ni creíble, con lo cual – por mas excelente que sea la perfomance de Blake Lively – la premisa va muerta desde el vamos.

En toda película de venganza primero hay que mostrar un cuadro idílico y después volarlo por los aires. Es el viejo síndrome del personaje simpático del cast, el cual sabemos que va a sufrir una muerte horrenda o va a ser devorado por el monstruo de turno – así lamentamos como nunca su pérdida; ¿remember Ryan Reynolds en Life? -. Para eso se precisa interacción, diálogos, economía de parlamentos para pintar personalidades en dos o tres trazos – a lo Peter Jackson -. Como ver la vida familiar de Charles Bronson antes que unos vagabundos maten y violen a sus seres queridos en El Vengador Anónimo; es entonces cuando entendemos su furia y compartimos su causa. Pero acá arrancamos mal, solo con flashbacks mudos de lo que era la vida en familia de la Lively, y es imposible sentir algo por gente muerta que está en una fotografía. Para colmo la Lively está en modo autodestrucción a full, con lo cual la vemos drogada, golpeada y prostituida. Si la muerte de sus padres y hermanos nos es indiferente, su decadencia solo provoca rechazo. Entonces empiezan a aparecer cosas de la nada – periodistas con pistas que ningún servicio de inteligencia tiene, contactos con una chica que obviamente es incapaz de ir sola a la esquina (menos, pretender que haga algo), agentes secretos renegados que le dan un entrenamiento express para que la mina se vuelva una sicaria independiente -, eso sin salvar el detalle de que la mina tiene el cerebro quemado por meses y meses de mala droga.

Yo no tengo problema con la idea de una asesina amateur donde las cosas no le salen bien, pelea como puede y pierde mas de lo que gana. El drama es cómo el libreto va enganchando las secuencias, donde es obvio que la mina es una incompetente de primera y que sigue ida de mambo, y aún así la gente le presta dinero y acepta su falsa identidad de superasesina profesional. En una misión de venganza, a falta de eficiencia se precisa ferocidad, y ahí es donde el libreto se pierde. A la Lively le cuesta un perú matar a un discapacitado, en lugar de degollar a uno solo lo tajea y, si progresa en la misión, es porque tiene un Dios aparte. Sobre el final va ganando experiencia, pero es un detalle que cuesta percibir porque la mina vive aterrorizada y le tienen que poner todo tipo de señales para saber a donde ir y qué hacer. Ni siquiera las peleas o las persecuciones son muy buenas – hay una persecución en auto (en donde el director obviamente se inspiró en secuencias de Call of Duty) en donde la cámara sigue la cara de la Lively y después gira para mostrar los eventos importantes que le pasan al auto que maneja (sean los coches que ella choca, gente que lleva por delante, vidrios que explotan por los balazos) que no es muy excitante que digamos  -. Y si una película de espías no es excitante, al menos debería compensarlo con lo ingenioso de la trama… lo cual no ocurre porque las revelaciones son tan traídas de los pelos (en especial sobre la persona de interés U17) que, mas que sorprender, te dejan estupefacto por su estupidez.

El Ritmo de la Venganza tiene una buena idea pésimamente ejecutada. Parte del problema es que el autor del libro es el autor del libreto, así que considera a su texto como la verdad revelada y es incapaz de mejorarlo. Reed Morano tampoco es el mejor director del mundo en el terreno dramático con lo cual todo se ve forzado e inocuo, desperdiciando una buena perfomance de la Lively… y unos cuantos millones de Eon Productions, los cuales hubieran estado mejor invertidos en hacer mas lujosos unos cuantos filmes mas de 007.