Crítica: La Máscara del Zorro (1998)

Volver al indice de críticas por género / una crítica del film, por Alejandro Franco


4 atómicos: muy buenaRecomendación del EditorUSA, 1998: Antonio Banderas (Alejandro Murrieta / Zorro), Anthony Hopkins (Don Diego de la Vega / Zorro), Catherine Zeta-Jones (Elena), Stuart Wilson (Don Rafael Montero), Matt Letscher (capitán Harrison Love)

Director: Martin Campbell – Guión: John Eskow, Ted Elliott & Terry Rossio, basado en el personaje creado por Johnston McCulley

Trama: 1821. Durante la guerra de la independencia en México Zorro, un vigilante enmascarado que defiende a los locales del corrupto gobernador español Don Rafael Montero, termina siendo apresado y su esposa y su hija caen en manos de las autoridades.  Ahora han pasado veinte años y Diego de la Vega – el alter ego del Zorro – permanece preso en una oscura prisión de California cuando una oportunidad del destino le permite escapar. En su camino se interpone sin querer Alejandro Murrieta – un ladronzuelo que acaba de perder a su hermano a manos del sádico capitán Harrison Love – y el cual clama venganza. Con el regreso de Montero a tierras californianas y con Love como su aliado, de la Vega y Murrieta pondrán manos a la obra para descubrir las siniestras intensiones del dúo y obtener revancha. Pero el descubrimiento de la suerte de la hija de Don Diego pondrá al veterano enmascarado en una encrucijada mientras su sucesor – obligado por las circunstancias – deberá refrescarle los ideales que representa el Zorro para la gente esclavizada y oprimida, los que ahora se cuentan por miles en los territorios que las fuerzas de Montero ocupan y que son utilizados para explotar la inagotable riqueza de su suelo, llenando las arcas del villano y de su perverso secuaz.

Crítica: La Máscara del Zorro (1998)

“En zu corzel cuando zale la luna… aparece el cabazorro!”

En 1919 la aparición de la novela La Maldición de Capistrano escrita por Johnston McCulley, un prolífico escritor de cuentos y novelas pulp – terminaría por cambiar la historia. En ella aparecía por primera vez Zorro, un vigilante enmascarado – acróbata e impecable espadachín – que combatía las fuerzas del mal en la California hispana de principios del 1800. Díganme si algo de esto les suena parecido: tímido millonario de día, feroz vigilante de noche, enfundado en traje negro con capa, montando un corcel azabache, dejando su marca a criminales y asesinos, retornando de sus correrías a una cueva oculta bajo su hacienda y ayudado por un fiel mayordomo. Si Zorro influenció a toneladas de superhéroes surgidos a finales de la década del 30 en mas, su reinterpretación moderna mas fiel es sin lugar a dudas el Batman de Bob Kane y Bill Finger que apareció apenas dos décadas después del escrito de McCulley (a Kane y Finger no se les escapó esto y, la noche en que los padres de Bruce Wayne son asesinados, es porque salían del cine Monarch después de ver La Marca del Zorro con Tyrone Power). No hay nada nuevo en la viña del señor sino el reciclado de ideas, aunque es obvio que Kane y Finger llevaron al encapotado por otros niveles distintos al Zorro (el Zorro mata, Batman no) y creando una fascinante mitología de su propio pecunio.

El Zorro fue tremendamente popular desde 1919 hasta fines de los 60s, siendo las mas recordadas las perfomances de Tyrone Power y Guy Williams (en la serie producida por Disney que se reemite hasta nuestros días), pero hubo decenas de filmes con otros actores, existiendo versiones mexicanas, hispanas y hasta una con Alain Delon. Quizás el drama del Zorro es que su suerte quedó atada a la decadencia del western y del cine de piratas (por el uso de duelos de esgrima), clásicos productos de matinée que terminaron por saturar por numerosidad de productos y falta de creatividad para renovar el medio, con lo cual un enmascarado a caballo usando florete y mosquete se veía como una antigualla cuando Star Wars y la ciencia ficción tomaron por asalto el escenario del entretenimiento a mediados de los años 70.

Desconociendo el grueso de la filmografía del Zorro (vi ésta, la de Delon en el cine cuando la estrenaron y la serie de Disney), me resulta imposible decir si ésta es la mejor versión de todas. Lo que sí hay son espectaculares coreografías y un Antonio Banderas exultante que lo pondría por lejos entre los mejores intérpretes del personaje. Claro, no es el Diego de la Vega original (eso le corresponde a un Anthony Hopkins plagado de postizos y lentes de contacto azul flúo), pero es un sucesor digno de admiración.

La Mascara del Zorro tiene todo el ADN de una aventura Disney, comenzando por los mismos libretistas de Piratas del Caribe y con una canción que podría entrar perfectamente en el panteón del estudio del ratón. El problema es que Martin Campbell (Goldeneye, Casino Royale) no es Gore Verbinski y le cuesta una hora de filme para entrar en calor y entender el ritmo que precisa el relato. Las primeras piruetas con el Zorro original no se ven muy excitantes y se nota que el doble tiene que ponerse un chaleco salvavidas para simular la panza y falta de estado de Anthony Hopkins, el cual es un gran actor de caracter (y acá está ok) pero no es ni la tercera opción cuando uno pensaría en un intérprete veterano que exude la locura y carisma que requiere el personaje. La deliciosa opción original era Sean Connery pero éste se suma a la larga lista de roles que el escocés ha rechazado por ignorancia del texto original o rechazo al esfuerzo físico que demanda el papel (imagínense como hubieran repuntado esas escenas con el escocés; ¿recuerdan su Ramírez de Highlander?). Hopkins está mas a gusto en su versión veterana y le pone ganas al rol con destrezas con el látigo (que son reales, no trucos!; lean sino la trivia de la IMDB!) y y los escarceos de esgrima con Banderas, los que prueban el grado de entrega al papel. Acá, salvo algunas destrezas con caballos, se nota que el resto son los actores peleando y batiéndose a duelo con una sorprendente exhibición de esgrima (como hacían los actores de antes). Pero si todos están bien, es Banderas el que se roba cada una de las escenas cuando empieza a actuar como el enmascarado. Sip, de acá sacaron la idea de contratarlo para el Gato con Botas de Shrek.

La Mascara del Zorro es un aventura pochoclera de matinée de alto nivel con un par de problemas de credibilidad y con engranajes algo oxidados en la primera hora – el cómo Banderas, un ladrón ignorante, se hace de un lenguaje florido y se codea con los Dones de mayor cultura en menos de cinco minutos es todo un misterio -. Pero luego Banderas y los villanos – el siempre retorcido Stuart Wilson; un sádico Matt Letscher, siglos antes de hacer de Eobard Thawne, Flash Reverso, en The Flash – llenan el escenario con creces y Catherine Zeta-Jones le pone la flor en el ojal. Es una macana que hayan hecho la secuela demasiado tarde y sin ganas (siete años después!), arruinando lo que podía haber sido una sólida franquicia.