Crítica: La Leyenda del Llanero Solitario (1981)

Volver al indice de críticas por género / una crítica del film, por Alejandro Franco


USA, 1981: Klinton Spilsbury (el Llanero Solitario / John Reid), Michael Horse (Toro), Christopher Lloyd (mayor Bartholomew ‘Butch’ Cavendish), Matt Clark (Sheriff Wiatt), Juanin Clay (Amy Striker), Jason Robards (Presidente Ulysses S. Grant), John Bennett Perry (capitán de los Rangers Dan Reid)

Director: William A. Fraker; Guión: Ivan Goff, Ben Roberts, Michael Kane & William Roberts basados en el serial radial creado por George W. Trendle & Fran Striker

Trama: El lejano oeste. Bartholomew “Butch” Cavendish es un mayor del ejército que ha sido dado de baja debido a sus ideas separatistas. Decidido a llevarlas a cabo, Cavendish planea secuestrar al presidente de los Estados Unidos, Ulysses S. Grant, y obligarlo a firmar un decreto por el cual le cede las tierras de Texas para crear una república independiente. Pero tras los pasos de Cavendish se encuentran los Texas Rangers y, tras su último atentado, han decidido armar una cuadrilla para rastrearlo y atraparlo. Al líder de la cuadrilla se une su joven hermano, John Reid, un joven entusiasta recién salido de la universidad y sin experiencia como oficial de la ley. Pero la cuadrilla es emboscada y todos sus miembros son asesinados, gracias a la traición de un Ranger que trabaja para Cavendish. Sin embargo Toro – un indio comanche que también le sigue los pasos a Cavendish – ha encontrado los resultados de la masacre y se ha topado con un superviviente – John – al cual reconoce por el amuleto que lleva al cuello como el chico blanco que le salvó la vida cuando eran niños. Rescatado y curado, John Reid ahora es un individuo renacido que jura – sobre la tumba de su hermano – hacer justicia por su muerte. Recibiendo un antifaz para esconder su identidad, un puñado de balas de plata y un indomable caballo blanco que sólo le responde a él, Reid se transforma en el Llanero Solitario, el justiciero enmascarado que junto a su amigo Toro impondrán justicia en el lejano oeste y darán por tierra todos los planes de Cavendish y su ejército privado.

Crítica: La Leyenda del Llanero Solitario (1981)

Sir Lew Grade: ícono de la televisión británica. Produjo una parva de conocídisimas series de TV (casi todo lo de Gerry Anderson, desde Thunderbirds hasta Cosmos: 1999; Dos Tipos Audaces, El Santo, El Prisionero, Danger Man, y un vasto etcétera) y, envalentonado por la popularidad de sus productos, decidió meterse en el cine. Primero tuvo un hit – El Regreso de la Pantera Rosa en 1975 – y luego una larga serie de filmes mediocres o de escasa repercusión, los cuales lo llevaron a la ruina en 1982. Hubo dos superproducciones en especial que aceleraron la fundición del bolsillo de Grade: Salven al Titanic! (1980)… y el filme que ahora nos ocupa.

No se puede llamar a La Leyenda del Llanero Solitario un despropósito simplemente porque hay buenas ideas en el script. El drama es la falta de timing para concretar la idea, y un montón de componentes fallidos que arruinaron directamente el producto. Todo el mundo estaba harto de los westerns en los años 80 y, aunque el Llanero Solitario fuera una especie de héroe nacional, su popularidad había quedado sepultada décadas atrás, restringida a los seriales radiales y la popular serie de TV con Clayton Moore en el papel. Fanáticos del personaje habría, seguro, pero no tantos como para llenar las salas de cine. Para colmo la producción terminó disparándose en sus propios pies a causa de Jack Wrather – dueño de los derechos del personaje desde los años 50 -, el cual le metió un juicio a Clayton Moore para que dejara de hacer actos de beneficencia en hospitales de niños – disfrazado como el Llanero – en vista del inminente estreno de la película. Los fans salieron en masa a protestar y terminaron boicoteando el filme, el cual recaudó monedas amén de ser apedreado por la crítica.

Es un filme plagado de errores, comenzando por el casting. Seguramente Grade y Wrather quisieron hacer la gran Superman y después de 8 meses contrataron a un desconocido para el rol, sólo que el tipo directamente no podía actuar (y tal fue el bochorno que éste es su único registro como actor en la IMDB). Tiene gran porte y buen pelo, y en el disfraz del Llanero se ve genial pero se ve que para interpretar diálogos era un bodrio y contrataron a un tipo aún mas aburrido que él  – James Keach, el hermano de Mike Hammer – para doblarlo. Escuchar los diálogos del Llanero en inglés original es una cosa aberrante porque Keach tiene voz de caño – como la del tipo que canta 16 Tons – y no tiene matiz ninguno ni siquiera para reírse o sentirse aterrado. El colmo de los colmos es su “Hi-yo Silver, away!” que da vergüenza ajena. Me hubiera quedado con la voz original de Spilsbury, o hubieran contratado a un genio del doblaje tipo Mel Blanc, alguien que sepa hacer voz y le ponga vida a los parlamentos.

Al ver La Leyenda del Llanero Solitario uno puede ver las ideas que tomó Gore Verbinski para su versión del 2013. La escena de la emboscada de los Rangers en el cañón es idéntica, hasta diría que aquí está mejor filmada – con una parva de asesinos saliendo de entre las rocas en completo silencio para liquidar a los oficiales de la ley; Butch Cavendish (un sobreactuado Christopher Lloyd) relamiéndose con asesinar a los oficiales moribundos; la inesperada traición de uno de los Rangers -, y hay otro final con trenes, sólo que con menos disparos. El Llanero es el mismo abogado aburrido de siempre pero la relación con Toro es diferente ya que se conocen desde niños, con Reid salvándole la vida al indio justo el mismo día que los secuaces de Cavendish masacran a su familia. Toro lo reconoce como su hermano de sangre por un amuleto que le regaló cuando eran niños, y lo entrena en las artes indias con el plus de que las balas de plata tienen un sentido místico y solo aciertan a los villanos con el propósito de lastimar o no matar. Plata no es el espíritu del desierto hecho caballo (“la naturaleza está desbalanceada!”) sino un potro salvaje apresado en una fosa, que Reid doma y después entrena. Y el disfraz es fiel al estilo de Moore en la serie de TV, con la camisa gris lisa, el pañuelo rojo y el enorme sombrero blanco.

La primera media hora es un plomo. La voz doblada de Spilsbury es insufrible, el tipo es un pedazo de mármol para actuar, y la trama va lenta, para colmo, fotografiada a la luz de las velas a lo Barry Lyndon. Y es a partir de los 30 minutos – cuando uno está por abandonarla – cuando la película empieza a revivir con el entrenamiento de Reid y las piezas del mito cayendo en sus respectivos lugares. Pero uno tiene que esperar hasta la hora y 10 para que el Llanero haga su vibrante aparición en escena al compás de la obertura de Guillermo Tell.

Si el filme no termina de redimirse es porque el Llanero en sí es un tipo tan correcto que directamente es aburrido. Cuando vence al villano, lo lleva a la justicia. Son mas las veces que Toro lo salva que lo que el tipo realmente hace para ganarse el título de héroe. John Barry tiene algunos momentos inspirados y otros directamente aburridos con la banda sonora, y lo mismo pasa con la fotografía, que a veces es monótona y otras veces espectacular, como la corrida de Toro y el Llanero sobre un rojizo atardecer. Jason Robards putea un poco para salirse de la vaina con su Ulysses S. Grant malhablado, pero no puede con un libreto que es chato en emociones y originalidad. Y el clímax es tan explosivo como aséptico.

Yo creo que en algún lado hay una gran historia del Llanero Solitario, pero está por partes aquí y en el filme de Gore Verbinski. Ninguna es una versión seria y completa del personaje y, si Verbinski no hubiera caído en la indulgencia y las ridiculeces de Depp, hubiera logrado un filme mucho mas potable (lo digo porque lo volví a ver con mi nena hace dos semanas y encontré un montón de escenas inspiradísimas entre tanto disparate) y hasta definitivo. El de William A. Fraker es tan correcto y lineal como soporífero porque las perfomances son mediocres y la acción es chata. Definitivamente la de Verbinski tiene mas vida pero se va de boca demasiadas veces. Habrá que aguardar, en un algún futuro quizás no muy lejano, si alguien con inspiración y respeto por el personaje logra traducirlo al lenguaje de las generaciones actuales para darle vitalidad y actualidad, haciéndolo vigente para los tiempos que corren… aunque dudo mucho que alguien quiera jugarse después del fracaso multimillonario de la Disney, que sepultó por completo las posibilidades de resucitar al icónico llanero enmascarado.

THE LONE RANGER

La Leyenda del Llanero Solitario (1981) – El Llanero Solitario (2013)