Crítica: Ghost Stories (Historias de Ultratumba) (2017)

Volver al indice de críticas por género / una crítica del film, por Alejandro Franco


4 atómicos: muy buenaRecomendación del EditorGB, 2017: Andy Nyman (profesor Goodman), Martin Freeman (Mike Priddle), Paul Whitehouse (Tony Matthews), Alex Lawther (Simon Rifkind)

Director: Jeremy Dyson & Andy Nyman – Guión: Jeremy Dyson & Andy Nyman, basados en su propia obra de teatro

Trama: Desde su niñez Philip Goodman ha admirado al investigador de lo paranormal Charles Cameron, el cual tenía un programa en la TV dedicado a desenmascarar falsos síquicos y sucesos paranormales orquestados. Pero Charles Cameron desapareció y su paradero ha sido un misterio durante décadas. Goodman ahora es un adulto y tiene un programa similar al de Cameron, develando fraudes paranormales todas las semanas. Pero Goodman se estremece cuando recibe un paquete a nombre de Cameron, invitándolo a su casa en un rincón perdido de Gran Bretaña. Cameron se está muriendo y decidió abandonar su cruzada contra los falsos fenómenos paranormales a causa de haberse topado con tres casos imposibles de resolver. Considerándolo su sucesor, Cameron le da a Goodman los tres expedientes para que investigue y saque sus propias conclusiones. En el primero, sucesos estremecedores ocurren en los restos abandonados de un antiguo hospital psiquiátrico para mujeres. En el segundo, un adolescente enfermizo atropella con su auto a algo que no es humano durante una apresurada travesía a través del bosque en plena noche. Y en el tercero un ricachón le cuenta los espantosos sucesos que ocurrieron en su casa mientras su esposa estaba internada en el hospital y su embarazo estaba en peligro. Sin embargo lo que no sabe Goodman es que los tres sucesos están relacionados… y de la manera mas íntima, secreta y espantosa posible.

Crítica: Ghost Stories (Historias de Ultratumba) (2017)

En la excelente El Exorcista III hay una escena memorable en donde la cámara queda fija en el pasillo de un hospital. Durante cinco minutos enteros – un eternidad en el tiempo cinematográfico – vemos (muy a lo lejos) a una enfermera haciendo sus tareas en un mostrador, hablando con un policía y entrando y saliendo de las habitaciones. Ups, un ruido. La enfermera se alarma, empieza a investigar, se pega un susto al descubrir que se trata de hielo resquebrajándose en un vaso de agua, y regresa a sus tareas. Todo parece volver a la normalidad y la presencia del policía te garantiza de que nada raro va a pasar… pero vos sabés que ésa no es la intención del director, así que estás aguardando con ansiedad saber qué corno es lo que va a ocurrir. La enfermera va a sacar cosas de un cuarto y, mientras tanto, el policía se da cuenta que terminó su turno y se retira. Es un detalle imperceptible que debería ponerte en alerta pero no, tu cerebro no lo capta. Estás buscando con la mirada algo raro en ese cuadro estático. La enfermera sale, se va al otro corredor… Y DE LA NADA SALE UNA FIGURA ENCAPUCHADA CON UNA TIJERA ENORME QUE VA A REBANARLE LA CABEZA, todo esto con un zoom sorpresivo y un chillido en la banda de sonido que te hace pegar flor de repingo en la butaca. No hubo sangre, monstruos ni tripas; es solo el shock de la sorpresa, alimentado por la ansiedad de esperar – durante minutos – de que pasara algo horrible en pantalla.

Mientras que muchos (muchísimos) terribles directores de filmes de terror se basan solo en el gore, los efectos especiales, los ruidos sorpresivos, los gatos tirados contra la cámara o visiones subjetivas del monstruo / asesino cuando está por atacar a una de sus víctimas (o sea, una tonelada de clichés), hay solo un puñado de maestros que entienden que el horror del bueno es el subjetivo, el que se alimenta de tus peores temores y pesadillas y que sigue con vos cuando salís del cine. Desde la oscuridad y los payasos asesinos hasta los fantasmas que te rondan mientras estás dormido (y el espectador es un testigo aterrorizado que no puede hacer nada para alertar a los protagonistas en la pantalla). Y qué mejor técnica que la cámara estática, la que te pone en alerta desde el vamos – es algo que saben de sobra los tipos de Actividad Paranormal, los que han hecho una fortuna con eso -. Estás viendo una escena fija durante minutos… y de pronto ves que algo cambia. Algo en el fondo se mueve… y es de noche… y estás durmiendo y estás completamente indefenso y ajeno a lo que ocurre… como cuando a Katie Featherston la sacan violentamente de la cama y la arrastran por media casa mientras está a los gritos y patalea, completamente indefensa, contra eso que acaba de agredirla. Uy, qué cuiqui.

Ghost Stories es una pequeña y anónima joyita del cine de terror británico que se relame con el truco de la cámara estática. La conocen pocos, la comentaron menos aún, no se encuentra en todos lados (yo me topé por casualidad con ella en Amazon Prime Video y vi que Netflix la estrena en enero 2020). Es un filme por capítulos como las antologías que la Amicus hacía en los años 70. Un tipo que desenmascara fraudes paranormales se topa con el ídolo de su infancia, un investigador de lo paranormal al cual todos daban por desaparecido desde hace décadas. El tipo se está muriendo y le dice que hay tres casos en los cuales no pudo demostrar patrañas, razón por la cual ahora está convencido que el mundo de lo sobrenatural existe. El reportero / admirador sale a investigar, y se topa con tres casos de fantasmas. El primero es el de un sereno en un complejo de edificios abandonados, el cual era antes un manicomio de mujeres. Hay una narración previa para tridimensionalizar al sujeto – el tipo tiene una hija de 30 años en coma desde hace años, y dejó de ir a verla cuando se convenció de que no había esperanzas de que despertara -… y también para entender por qué le pasa lo que le pasa. El tipo cuenta cómo una noche comenzó a cortársele la luz en la oficinita que tenía en el edificio derruido. Y cómo empezó a encontrar arañazos y sombras que lo llevaron a un estado de total paranoia. Los directores – Jeremy Dyson y Andy Nyman, el cual también oficia de protagonista – filman con esa temible cámara estática y sin música. Y la espera se hace interminable. Y las tinieblas ocultan cosas horribles que apenas son develadas por fracción de segundos cuando la linterna sondea la oscuridad en busca de los responsables. Definitivamente no son engendros de este mundo… y Dyson y Nyman te hacen pegar un jabón de aquellos.

Si la primera historia es horrible, la segunda – con un adolescente pasado de rosca que vuelve de madrugada conduciendo un auto por un bosque tétrico… y atropella a algo en la oscuridad – te hace gritar. Oh, si, nunca grité en ninguna película de terror antes (aunque sí he pegado monumentales saltos de la butaca), pero Ghost Stories te hace gritar. Porque es el terror filmado como debe ser. El pendex distraído mirando el celular a cada rato y de pronto se pega el sobresalto de haber chocado a alguien… o a algo. El salir a ver, en pleno estado de nervios, y mirar de reojo… y ver que lo que atropellaste no es humano. El huir y el coche romperse a los escasos metros porque el motor está dañado por la fuerza del impacto… averiándose en el peor momento. Y el descubrir que lo que atropellaste no sólo sigue vivo sino que viene por vos. Guau, ahí va otro alarido.

Ghost Stories no es un clásico del terror. Las historias están ok pero no son nada del otro mundo. Lo que sí, están dirigidas como los dioses. Es un delicioso ejercicio de estilo, absolutamente recomendable. La contra pasa por dos lados: la historia final no es tan aterradora como las anteriores y tiene un giro Shyamalanesco que es pasable, y la otra es Martin Freeman. No es un actor de rango, tiene tics muy marcados y una apariencia bonachona y simpática. Mostrarlo en su lado oscuro no funciona – la tercera historia se basa en él y el terrible embarazo por el que pasa su esposa -, ya que es inevitable ver a Freeman y no al personaje. El filme precisaba una figura conocida pero Freeman no es el adecuado para el papel; lo que precisaba era un actor de raza (como las escalofríantes perfomances de Paul Whitehouse y Alex Lawther en las dos primeras historias), cuyo histerismo es contagioso y su estado de horror se siente real. Freeman es simplemente Watson, convidado de piedra en una cinta de horror para la cual no está bien situado.

Aún con ello, le recomiendo encarecidamente ver Ghost Stories. Tiene un clima de la hostia, casi siempre basado en ese temible estilo de cámara fija a lo Exorcista III donde cosas espantosas ocurren en el fondo y a la distancia. Y, cuando queremos acercarnos a verlas (cosa que replica el director), descubrimos algo escalofriante que se nos viene al humo y del cual no podemos huir… aunque estemos en nuestra propia casa.