Crítica: Cruella (2021)

Volver al indice de críticas por género / una crítica del film, por Alejandro Franco


Recomendación del EditorUSA / GB, 2021: Emma Stone (Estella / Cruella), Emma Thompson (Baronesa), Joel Fry (Jasper), Paul Walter Hauser (Horace), John McCrea (Artie), Emily Beecham (Catherine / Sirvienta), Mark Strong (John el Mayordomo)

Director: Craig Gillespie – Guión: Dana Fox & Tony McNamara, basados en los personajes de la novela 101 Dálmatas creada por Dodie Smith

Trama: Inglaterra, década del 60. Estella es una chica rebelde e inquieta que sueña con convertirse algún día en una importante diseñadora de modas. Cuando a su madre Catherine se le termina el dinero ésta decide pedirle un préstamo a una amiga rica y para ello van a su fastuoso castillo. Pero el encuentro sale mal y los perros de la ricachona – un trío de dálmatas – intentan atacarla, lanzando a Catherine al precipicio en el borde de la propiedad. Devastada, Estella vaga por las calles y duerme en las plazas hasta que se topa con dos ladronzuelos adolescentes – Horace y Jasper – quienes terminan por cuidarla. Ahora ha pasado el tiempo y el trío tiene unos veintitantos; devenidos maestros supremos del robo por descuido, Horace y Jasper han ahorrado en secreto y le han comprado la oportunidad para que Estella empiece a trabajar en las tiendas de diseño de alta costura de la Baronesa la diseñadora top de la moda inglesa -. El talento de Estella hace que descolle en su trabajo hasta el punto de volverse una de las asistentes íntimas de la Baronesa. Pero Estella sufrirá un shock al descubrir que la Baronesa porta el adorado collar de rubí de su madre… deduciendo que ella era la mujer rica que hizo que la lanzaran por el precipicio con ayuda de sus perros entrenados. Masticando furia y odio Estella decide planear su venganza sacando a relucir lo peor de sí… y transformándose en un alter ego llamado Cruella, una diseñadora brillante e iconoclasta decidida a entablar guerra con la Baronesa hasta el punto de sacarla de las pasarelas británicas. Pero la Baronesa es una mujer tan multifacética como cruel y no está decidida a claudicar su imperio de manera tan fácil ante los avances de guerrilla de esta nueva diseñadora. El choque entre ellas es inevitable y el resultado del enfrentamiento es imprevisible… llevando incluso a Estella a cruzar límites que jamás violaría aunque, en su personalidad de Cruella, la moral queda en un segundo plano y todos los medios son válidos para obtener su despiadado fin – la tan ansiada venganza de la muerte de su madre -.

Crítica: Cruella (2021)

Sobredosis de cool. Es cierto: no todo lo que hay en Cruella tiene sentido – mucho menos, no encastra ni con la mitología asociada a la icónica villana ni con la historia de 101 Dálmatas -, hay problemas de ritmo y  a veces la banda sonora desborda de canciones pero, rayos, ésto está hecho con gusto. El elenco es delicioso, las protagonistas devoran sus papeles con placer, el diseño de arte es genial, la reconstrucción de época es impecable… y todo es una gozada. No, no va a revolucionar ni la historia del cine ni es el filme mas original del mundo – este es un pastiche que podría resumirse como Harley Quinn se viste de Prada – pero, así como está, es glorioso. Lo de la Stone y la Thompson es digno de un aplauso de pie y, para Disney, es lo mejor que ha hecho desde que comenzó la pandemia.

No, no soy un iconoclasta; de hecho, creo que solo vi una vez en mi vida la versión animada de La Noche de las Narices Frías (otro tanto con la versión live action con Glenn Close) y ni siquiera recuerdo tanto de qué va la historia – algo sobre una loca despellejando dálmatas para hacerse un abrigo fashion -. Es por eso que, si Cruella me miente en la cara, no me siento ofendido ni me rasgo las vestiduras. A esta altura sólo quiero un buen espectáculo y Cruella me lo da. Ok, ahora la moda viene por el lado de redimir a las villanas Disney como anti heroínas – con Maléfica me llevé una enorme sorpresa – y ahora es el turno de la sicópata bi color. Y como ocurría con Maléfica y la Jolie, acá la Stone se devora el rol con fritas y aderezo a gusto. Es obvio: ¿cuántas veces en la vida te toca interpretar a un personaje mas grande que la vida misma?. Pero lo de Stone no es simplemente una caricatura: es la Stone gozando con los tics, las manías, los razonamientos retorcidos y las locuras de su personaje. Ella, la gran diva de ojos enormes, pelo rojo y voz aguardentosa, se regodea como loca yendo de víctima a victimaria, pasando por todos los estadios posibles y, sí, cayendo de vez en cuando en la caricatura pero… ¿qué otra cosa esperábamos?. ¿Acaso una interpretación tibia o sutil de un personaje famoso por su icónico desquicio?.

La manera para transformar a Cruella en anti heroína es simplemente darle una historia trágica de origen. En la típica tradición Disney, la madre de Cruella muere en los minutos iniciales. La chica – que nació pasada de rosca y con el pelo bi color – se ve obligada a convertirse en una vagabunda y sólo evita la segura muerte en las calles al asociarse con un par de ladrones palurdos mas inofensivos que el pan. La química de los tres es gigante (Joel Fry es una especie de hermano mayor / amor platónico que devuelve la chica al mundo real mientras Paul Walter Hauser es el comic relief de corazón de oro). Esta familia improvisada apoya los sueños de la chica, así que le consiguen una oportunidad en una casa de moda ya que el diseño de alta costura es su pasión. Claro, esto la lleva a toparse con la Baronesa (Emma Thompson en modo Miranda Priestly a full no es de extrañar ya que ésto viene de la misma guionista de El Diablo se Viste de Prada -) y pronto descubre que la muerte de su madre está vinculada con la mala leche de la Baronesa. Lo que es una guerra por un recuerdo familiar pronto se transforma en la revelación de una conspiración de consecuencias insospechadas.

Cruella es un filme excesivo pero demos gracias a Dios por ello. Es lo que precisa para funcionar. Así como los vestidos kilométricos de la Stone (en modo Cruella a full) te dejan con la boca abierta, este es un filme pensado para no parar nunca y deslumbrar siempre. Y por esa dinámica es que a veces agarra baches y pega repingos – como cuando la Stone entra en modo Cruella y empieza a portarse como una perra con los dos buenazos de sus hermanos de la vida, dos tipos que la apoyan a sol y sombra a pesar de los planes disparatados que pretende ejecutar -. O como encastran al final la versión terminada de Cruella con la historia de los 101 dálmatas que no tiene mucho sentido – es como si fueran dos personas realmente diferentes; una, vengadora y antiheroína y la otra una sicópata sangrienta y desalmada -. Idem con la venganza que concreta Cruella contra la Baronesa, la cual tiene tan poco sustento que mas vale verlo como un accidente del libreto para poder darle un cierre a la historia.

Aún con sus patinadas menores, Cruella es un espectáculo excitante. La Stone desborda de gracia en la comedia física – por momentos parece un cartoon de los Looney Tunes – y la Thompson, que parece mas recatada, tiene su cuota de momentos brillantes en la segunda mitad. Oh, si, éste es un filme que disfruté con ganas y que recomiendo con ganas porque su energía es contagiosa. Y si hacen una segunda parte – que no tiene lógica ni manera de encastrar ni siquiera con calzador entre esto y Los 101 Dálmatas – igual me gustaría verla, simplemente por regresar a pasar un rato en compañía de esta troupe de locos deliciosos, ladrones de buen corazón y sirvientes nobles, personajes atrapantes que sobresalen en una historia que podría haber sido lisa y llanamente un fiasco.