Crítica: El Canto del Lobo (2019)

Volver al Indice – crítica de Cine Fantástico y de Culto / una crítica del film, por Alejandro Franco


Francia, 2019: François Civil (Chanteraide), Omar Sy (D’Orsi), Mathieu Kassovitz (Alfost), Reda Kateb (Grandchamp)

Director – Antonin Baudry – Guión: Antonin Baudry

Trama: El submarino francés Titan cumple una misión secreta en las costas de Siria. Intentando recuperar un grupo comando que fue a sabotear una base terrorista, el Titan se encuentra acosado por un submarino de origen desconocido dotado de cuatro hélices. Para el experto en sonido “Calcetas” Chanteraide se trata de un submarino ruso decomisionado – el Timour III -, el cual no figura en ninguna base de datos militar actualizada. Pero nadie en el alto mando francés le cree y, lo que es peor, cuando Rusia invade parte de Finlandia y Francia está dispuesta a intimidar a los rusos colocando en la línea de fuego un submarino misilístico nuclear – el Formidable -, Chanteraide descubre señales del Timour III en las proximidades de la zona. Un misil es lanzado hacia París y el alto mando ejecuta las órdenes de represalia nuclear, convencidos de que se trata de un ataque de los rusos; pero para Chanteraide es un misil señuelo lanzado desde el Timour III con el fin de provocar una guerra atómica a nivel mundial. Con el Formidable en silencio de radio, Chanteraide se embarca de apuro en el Titan, el submarino escolta, con el fin de acercarse al Formidable y convencer a su comandante de que no lance sus misiles… so pena de hundirlo en caso contrario. Pero el tiempo pasa, el Formidable no contesta y pareciera que ninguno de los mensajes enviados ha dado resultado… con lo cual lo peor puede desatarse en cuestión de minutos.

Crítica: El Canto del Lobo (2019)

A esta altura RottenTomatoes ya dejó de ser creíble. Primero 67% para Jay and Silent Bob Reboot y luego 91% (!!) para este bofe. Un filme francés que rebosa de nacionalismo pero que no tiene ni pies ni cabeza. El Canto del Lobo es básicamente la historia de un superhéroe con un superoído. El tipo trabaja en el sonar de un submarino de la armada francesa y puede contar hasta las palas que tiene un sumergible enemigo que se encuentre en las cercanías. Pero el tipo, además, puede descifrar una contraseña a partir del sonido de las teclas pulsadas por su amargo superior segundos antes. Incluso percibe cuando una mosca se echa un gas a 200 metros de distancia e incluso puede indicar lo que comió en el almuerzo.

Lo mas terrible de todo es que este Superman franchute es bardeado por medio mundo, como si el tipo fuera un mentiroso o no tuviera talento. Claro, en una misión secreta en Siria el tipo detectó un submarino enemigo ruso con cuatro palas, algo que no existe en ningún libro de inteligencia naval. Al tipo lo echan, le gritan, lo denigran de todas las maneras posibles. En el medio Finlandia ha sido invadida por los rusos y Francia ha salido a defenderla. Claro, al parecer en el universo donde ocurre la película no existen los Estados Unidos, la OTAN ni el resto de Europa. Los galos se mandan solos a amenazar a los rusos ubicando un submarino misilístico en el Mar del Norte. ¿Y Gran Bretaña y Alemania?. No contestan, al parecer están tomando el té y descolgaron el teléfono.

El problema fundamental de El Canto del Lobo es que el argumento es una típica bravuconada yanqui que hubiera quedado bien en cualquier filme estadounidense pero que, en un filme francés, se ve y se escucha como una ridiculez tremenda (o un agrio lamento sobre el imperio que fue y ya no es mas). Los libretistas repiten todo tipo de clichés de la Guerra Fría – tomando una parva de ideas de Fail-Safe y La Caza al Octubre Rojo -, solo que en versión gala… y se ve inverosímil. Que los franceses decidan ellos solitos empezar una guerra nuclear sin consultar a nadie en Europa si les va a molestar la lluvia radiactiva que va a caer sobre sus países al día siguiente es absurdo. El tema de las ordenes secretas de lanzamiento despachadas por el presidente y que no pueden ser cambiadas – ni aun con una comunicación radial directa – es estúpido, tal como pasaba con Dr. Strangelove o Fail-Safe (que al menos eran obras maestras de tensión y hacían una tesis sobre eso, el automatismo de la maquinaria militar cuando un error humano podía desatar el apocalipsis). Mientras que la primera media hora zafa muy bien, cuando el drama se desencadena y Francia cree ser victima de un ataque nuclear ruso (que es falso pero eso solo lo saben a ultimo momento), la cosa cae en la bobada. El submarino escolta debe hundir al submarino misilístico antes que dispare y, como la comunicación radial falla, Omar Sy (de Intocables!) va con una llave a golpearles el casco al otro submarino. Sip, como el chiste ese que dice “Manuel, ¿sabes como se hunde un submarino gallego?. Pues mandas a un buzo a tocarles la puerta que ellos seguro le abren!”. ¨Pero el tipo no llega a golpearles el casco (para mandar un mensaje en Morse) sino que le disparan un torpedo en la trompa. Ups, pobre Sy. me parece que ya no le va a poder empujar la silla a Francois Clouzet.

Las pavadas se acumulan en la media hora final. Cuando el superhéroe del sonar precisa mas calma para dilucidar la posición del submarino misilístico, todos le gritan en el oído. O que el tipo deduzca por el sonido que un misil viene sin ojiva nuclear. O que el almirante diga que la armada francesa va a perder credibilidad si aborta el lanzamiento del misil nuclear… aun sabiendo de que es un error, de que va a desencadenar un genocidio y de que se va a comer una segura represalia atómica. O que los torpedos no exploten, y los submarinos torpedeados no revienten como un globo cuando les hacen un agujero del tamaño de una casa. O que todo este desastre se hubiera evitado 30 minutos antes si el superhéroe sonidista hubiera hablado directamente por el teléfono submarino ya que el capitán del sumergible misilístico  lo quería como un hijo y le tenia completa confianza.

El Canto del Lobo tiene sus cosas originales  – la batalla de los torpedos con cable, que el operador va guiando de acuerdo a donde estima que está el objetivo – pero el resto bordea el bolazo. Cambien todo lo francés – la armada, los nombres – a norteamericano y esto hubiera sido una aventura típica de Gerard Butler: movida, con cosas ridículas, nada original pero entretenida. Pero acá las cosas desentonan peor porque, si bien exploramos con curiosidad el interior de un submarino francés, Francia no es ni por asomo una super potencia para hacerse el gallito frente a Rusia e ir a determinar la paz del mundo por si misma… con lo cual el escenario de la historia del filme termina entrando en los terrenos de la ciencia ficción (y no, no le llega ni a los pies a La Caza al Octubre Rojo!).